La gran fiesta de los pingüinos

Noticias - 28 octubre, 2016
Santiago, 28 de octubre de 2016 - En una decisión histórica, una enorme porción de aguas de la Antártica -de más de 1.5 millones de kilómetros cuadrados- se han convertido en la mayor reserva marina del mundo después de años de negociaciones al interior de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR, por sus siglas en inglés), la entidad encargada de conservar los recursos marinos del océano antártico.

Con esta decisión, el Santuario del mar de Ross se convierte en el área protegida más grande del mundo, cubriendo 1.550.000 km2.

 

Con esta decisión, el santuario del mar de Ross se convierte en el área protegida más grande del mundo, cubriendo 1.550.000 kilómetros cuadrados, equivalente a la superficie de Reino Unido, Francia y Alemania.

“Lo que ha decidido la CCAMLR no solo se trata de una enorme victoria para las ballenas, pingüinos y la enorme biodiversidad que existe en el lugar, sino para las millones de personas del mundo que han exigido acciones contundentes y urgentes para la protección de los océanos del planeta. Creemos que es un momento único para continuar en la senda de protección de los mares, por lo cual instamos a la comunidad internacional para que adopte medidas de protección en otras áreas del mismo océano antártico, del ártico y otras zonas fundamentales para la conservación de la biodiversidad”, plantea Estefanía González, Coordinadora de Océanos de Greenpeace en Chile.



Denominado “el último océano”, el mar de Ross ha sido identificado por la comunidad científica internacional y entidades ambientalistas como uno de los pocos ecosistemas marinos intactos que quedan en el planeta. Se trata de un lugar remoto, imponente y deslumbrante. Un espacio lleno de vida que, sin embargo, corría peligro de ser intervenido por el hombre.

La buena noticia es que, finalmente, se ha conseguido su protección. Será, inicialmente, por los próximos 35 años. Es un paso relevante, aunque diversos organismos medioambientales, como Greenpeace, han dicho que, para protecciones marinas realmente efectivas, se requieren plazos todavía mayores, por lo que cuando deba volver a votarse su protección, en el año 2051, debiera existir convencimiento generalizado en la necesidad de mantener la decisión.





Hay que considerar que en el océano Antártico, que representa el 15% de la superficie de los mares, se encuentran ecosistemas excepcionales que contienen más de 10.000 especies únicas, muchas de ellas amenazadas por el desarrollo de la pesca y la navegación.

La decisión en favor del mar de Ross se suma este 2016 a otras importantes victorias en el ámbito de la protección de los océanos, como la determinación del Presidente Barack Obama de expandir el Monumento Nacional Marino de Papahanaumokuakea en Hawái y que era, hasta ahora, el área marina protegida más grande del mundo.

La evidencia científica no deja lugar a duda de que los Santuarios Marinos son vitales para proteger la biodiversidad, recuperar las poblaciones de peces y aumentar la resiliencia al cambio climático. Lamentablemente, largas luchas como la que ha llevado a esta victoria en el mar de Ross necesitan más que solo ciencia. Necesitan millones de personas alzando su voz por los océanos. Sin vuestras voces, las pruebas científicas más evidentes no son suficientes para hacerle frente a los intereses de la gran industria pesquera y su lobby.

Sin embargo, los océanos son espacios enormes. Por eso, a pesar del compromiso internacional alcanzado en el Congreso de Conservación de la Naturaleza este año en vista a proteger el 30% de los océanos para año 2030, Greenpeace va más allá y exige que el 40% de los océanos deben ser declarados santuarios.

¿Por qué son vitales estas reservas marinas y la protección de los océanos? Porque resultan clave para proteger la biodiversidad, recuperar las poblaciones de peces y disminuir los efectos del cambio climático. 

En este sentido, los desafíos futuros parecen claros: que Naciones Unidas declare santuarios en aguas internacionales y en lugares tan únicos como el Ártico.

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