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Cada año, Japón caza mil ballenas en el Santuario Ballenero Austral con la excusa de que persiguen fines científicos.
Hace unos días, desde el puerto de Shimonoseki partió la flota ballenera japonesa para iniciar la temporada de caza en el Santuario Ballenero Austral, en donde se reúne el 80 % de los ejemplares del mundo. El plan es cazar mil ejemplares de las especies minke y aleta.
Esta expedición se lleva a cabo a pesar del repudio mundial que incluye al pueblo japonés que tampoco está de acuerdo con estas acciones. Por su parte, el gobierno se escuda en una excepción que se encuentra en el tratado firmado por los países integrantes de la Comisión Ballenera Internacional que permite la caza con fines científicos.
Los ejemplares que Japón caza cada año son trozados y empaquetados y quedan congelados esperando encontrar un mercado donde ser ubicados ya que la carne de ballena no es de consumo masivo en ningún lugar del mundo.
Aunque la caza con fines científicos está condenada por los miembros del Comité Científico de la Comisión, aún no pudo derogarse ese artículo del tratado. Greenpeace denunció que la caza de ballenas no está relacionada con una cuestión científica sino con una práctica cultural, ya que en Japón la caza y el consumo de carne de ballenas están ligados a una costumbre ancestral.
En junio pasado se reunió en St Kitts, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para discutir acerca del futuro de las ballenas. La presión de Japón sobre los miembros de la Comisión logró que, por diferencia de un voto, se declare inválida la moratoria a la caza comercial de ballenas, lo que constituye el primer paso para que la CBI abandone su posición conservacionista.
A la votación desfavorable en la reunión de St Kitts se suma que Islandia y Noruega retomaron la caza comercial de ballenas, con la excusa de que el número de ejemplares que se encuentran en sus costas es lo suficientemente alto como para que la especie no se encuentre en peligro.
Asimismo, en los últimos años, debido a la instauración del Santuario Ballenero Austral y a la política conservacionista impulsada desde la CBI, muchos ejemplares volvieron a las costas de Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador y Uruguay, todos ellos integrantes de la Comisión. Por esto, Greenpeace les solicitó a los gobiernos de estos países que retomen una posición activa para lograr la prohibición de la caza.
Además, la llegada de los cetáceos a las costas permite el desarrollo de actividades turísticas ligadas al avistaje de ballenas, lo que supone un negocio más redituable y sustentable a largo plazo que el comercio de su carne.
El año próximo se llevará a cabo una nueva expedición de Greenpeace al Santuario Ballenero Austral, ubicado en la Antártida (la anterior fue a fines de 2005) para obstaculizar al trabajo de los barcos balleneros japoneses y salvar la mayor cantidad de ballenas.
Para mejorar esta expedición y lograr mayor conciencia de la situación de las ballenas a nivel mundial, Greenpeace lanzó la campaña I Go, en la que todos pueden participar enviando su propuesta para concretar una acción que impulse un debate público y permita conseguir la mayoría de los votos a favor de la conservación de los cetáceos en la próxima reunión de la Comisión Ballenera Internacional que se llevará a cabo en mayo del año próximo en Alaska. Para conocer más detalles se puede ingresar a http://igo.greenpeace.org.
Para mayor información: Milko Schvartzman
milko.schvartzman@ar.greenpeace.org