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Defensores de los Océanos: Nicolas Schifman

Defensores de los Océanos: Nicolas Schifman

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Greenpeace defendiendo a las ballenas es una antigua batalla que en algún momento se creyó ganada pero que los acontecimientos hicieron que hoy hayamos tenido que salir a defenderlas nuevamente. Y qué mejor lugar que las aguas que rodean a la Antártida, protegiendo en sus áreas de alimentación a las tres cuartas partes de las ballenas del mundo.

En el año 1987 el Gobierno de Japón creó el Programa Japones de Investigación en la Antártida y gestiona la caza de ballenas a través del Instituto de Investigación de Cetáceos alegando que las ballenas cazadas son sometidas a estudios científicos necesarios para el control y cuidado de las poblaciones de ballenas en todo el mundo.

Este instituto nació como una fundación sin fines de lucro con donaciones de la industria ballenera de 10 millones de dólares. A través de este organismo el gobierno japonés encontró la manera de salir a la caza con el mismo barco factoría, y los mismos barcos arponeros tripulados por las mismas personas que cuando lo hacían con fines comerciales. Los propios medios de comunicación de Japón informaron que la captura científica era un medio para mantener viva la industria hasta encontrar la forma de revertir la decisión de aplicar una moratoria.

Cuando en la sesión anual del 2005 de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) Japón anunció que duplicaría la cuota de ballenas, inmediatamente se decidió duplicar nuestros recursos para salir a enfrentarlos a nuestro modo pacífico. El número ascendió a 935 ballenas Minke, 10 ballenas de aleta (la segunda especie mas grande del planeta) y amenazaron con agregar 50 ballenas jorobadas para la temporada 2006/2007. 

Después de meses de preparación, dos de nuestros barcos el “Esperanza” y el rompehielos “Arctic Sunrise” partieron con rumbo hacia el Sur el pasado 20 de Noviembre del 2005 desde Cuidad del Cabo. Los barcos estuvieron equipados con tecnología en comunicaciones de última generación y con algunas de sus herramientas ya conocidas como sus gomones, banderas y demás recursos que normalmente utiliza para documentar y detener estos crímenes. 

El 21 de Diciembre, a un mes de haber partido de Ciudad del Cabo, y después de intensos días de búsqueda, encontramos a la flota ballenera cazando ballenas dentro de los límites del Santuario Ballenero Austral.

Todas las noches, tanto el Esperanza como el Arctic Sunrise, se posicionaban próximos a uno de los tres buques arponeros. A la madrugada en cuanto el buque comenzaba a moverse inmediatamente entrábamos en acción y posicionamos a los gomones entre le arpón y la ballena.

Nuestro presencia en el lugar tenía dos importantes desafíos. El primero fue evitar la caza indiscriminada de ballenas con el recurso que solemos utilizar: nuestro cuerpo. Los más de 30 años en esta campaña nos enseñaron que ha sido la manera más eficiente para frenar el disparo de los arpones. 

El segundo desafío era que las empresas que financian la caza de ballenas dejaran de invertir dinero en este negocio. Y para ello, el poder de los consumidores fue esencial. Banderas con logos de las empresas responsables eran expuestas frente a cada uno de los cadáveres de ballenas que no escapaban al filo del arpón.  Estas imágenes recorrieron el mundo y se alcanzaron objetivos importantísimos (ver ¡Victoria!). 

El ocho de Enero del 2006, la flota ballenera fue sorprendida descargando paquetes de carne de ballena del buque factoría a un buque de aprovisionamiento para luego ser llevados al mercado Japonés. Nuestros activistas entraron en acción y pintaron en el casco del buque “carne de ballena proveniente del Santuario”. Esto enfureció al capitán y, arriesgando la vida de los tripulantes, colisionó el buque Japonés contra el barco de Greenpeace Arctic Sunrise. 

Por fortuna los daños fueron menores, pero la imprudencia de este capitán, y la de varios de los tripulantes que agredieron a los activistas en cuanto tuvieron oportunidad, fue una clara señal de los intereses que hay en juego en este negocio criminal. 

Durante 74 días ambos barcos recorrieron 14,500 millas náuticas con una tripulación de 57 personas de 20 nacionalidades diferentes. Nuestra flota y sus tripulantes confrontaron durante 28 días a una flota de 6 balleneros japoneses. Estuvieron sometidos a condiciones meteorológicas alarmantes, climas extremos y poniendo su vida en riesgo diariamente.

Logramos que en 12 de esos 28 días no se matara ninguna ballena. Desafortunadamente en los otros 16 días los balleneros mataron 123 ballenas. Con la presencia de Greenpeace en altamar, lejos estuvieron de cazar la cantidad necesaria para alcanzar su cuota fijada en el último encuentro de la CBI.