Buenos Aires, Argentina —
Maíz transgénico de Monsanto: entre Kirchner y Menem no hay diferencias. Lavagna, el empleado del Mes de Monsanto
Greenpeace
calificó al ministro de Economía Roberto Lavagna como “empleado del
mes” de la multinacional semillera Monsanto, al acceder a sus
pretensiones de abrir el mercado argentino al cultivo del maíz
transgénico resistente al glifosato.
La
organización ambientalista cuestionó la legitimidad y la transparencia
de la aprobación del maíz transgénico, al denunciar que el gobierno no
cumplió su promesa de consultar la medida con las organizaciones de la
sociedad civil.
“Solamente
consultó a los que tienen un interés económico concreto, a los actores
de la cadena maizera. Las entidades que bregan por el bien público han
sido ignoradas, como en la peor época del menemismo”, dijo Emiliano
Ezcurra, coordinador de la campaña de Biodiversidad de Greenpeace.
Greenpeace
consideró que fue, por lo menos, “sospechoso” el proceder de Lavagna:
la organización ambientalista recordó que en las últimas dos semanas
funcionarios de la Secretaría de Agricultura no respondieron los
llamados y las consultas en las que Greenpeace y otras entidades
civiles solicitaban al gobierno que cumpla su promesa de realizar una
audiencia pública previa a la aprobación de este maíz.
“Con la
actual medida, ahora todos estamos seguros que la empresa Monsanto
funciona en el mismo corazón de la Secretaría de Agricultura, y que su
titular, Miguel Campos, actúa como su gerente”, agregó Ezcurra.
Greenpeace
lamentó la medida y consideró que la política del presidente Néstor
Kirchner en biotecnología es prácticamente igual a la de Carlos Menem:
“Campos había prometido que iba a consultar a la sociedad civil sobre
este tema, que nos iba a dar la posibilidad de dar una opinión
diferente a la que se maneja en el mundo corporativo, pero vemos que
hace lo mismo que Menem: reírse de la sociedad civil”, agregó Ezcurra.
A su
vez, Greenpeace recordó que el maíz resistente al glifosato fue
liberado en la Argentina en forma ilegal a comienzos del 2001. “Lo que
hizo hoy Lavagna fue, prácticamente, indultar una franca violación a
las normas de bioseguridad argentinas”, aseveró Ezcurra.
El
pasado 20 de enero, a través de una carta, Greenpeace Argentina le
había solicitado, al secretario de Agricultura, Miguel Campos, la
aplicación de sanciones a la semillera norteamericana Monsanto por la
liberación ilegal del maíz resistente al glifosato. Pero nunca hubo
respuesta.
"Esta
operación ilegal fue descubierta por Greenpeace en mayo del 2001 y al
día de hoy el gobierno argentino no ha tenido el coraje de penalizar a
la firma norteamericana", sostuvo Ezcurra. “Todo lo contrario: ahora
ayuda a la compañía a consumar su crimen ambiental”, agregó.
ANTECEDENTES
En ese
entonces, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación
había admitido esta situación en un escueto comunicado, señalando que
se había detectado un organismo transgénico ilegal, pero prefirió no
citar ni a la empresa ni al evento transgénico. Además, el organismo
oficial había indicado que “se abocó a la ubicación de todos estos
materiales procediendo a su intervención y posterior destrucción”.
Monsanto
había distribuido clandestinamente a varios productores semillas de
maíz RR durante la ExpoChacra 2000. El gobierno nunca pudo determinar
dónde está cada lote contaminado, por lo que nunca fue creíble que haya
destruido ese maíz. Luego, a principios de 2002, se confirmó la
denuncia al encontrarse en Suiza rastros de ese maíz transgénico en
productos alimenticios.
Monsanto
había puesto en peligro toda la producción de maíz exportable de la
Argentina, ya que este evento no está aprobado por la Unión Europea.
Pero el gobierno de Fernando de la Rúa no hizo nada por sancionar a la
empresa.
Hasta
esa denuncia, la Argentina era un país que estaba libre de esta
variedad, que se encuentra prohibida en Europa. Fue por esta razón que
el país logró quitarle ventas de maíz a Estados Unidos (donde sí está
aprobado). Haber evitado este transgénico no solo protegía nuestro
ambiente sino que fue económicamente muy conveniente.
Argentina
se había asegurado la compra por parte de más de un millón de toneladas
de maíz, porque la Argentina era libre de maíz RR.
— Greenpeace Argentina