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Bioenergía

El actual e intenso debate en torno a los biocombustibles (básicamente etanol y biodiesel) no permite que se conozca y pueda dimensionar el potencial de la energía proveniente de la biomasa o “bioenergía”. De hecho la biomasa ya es la fuente de energía renovable de mayor participación a escala global y eso continuará siendo así en el futuro. El etanol y el biodiesel representan sólo una opción entre las numerosas alternativas energéticas que la biomasa ofrece, siendo además, en la mayoría de sus casos, las menos atractivas para producir reducciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

El transporte es responsable del 25% de las emisiones de GEI relativas a la actividad energética a nivel mundial. En este contexto, los biocombustibles han sido presentados como los actores claves para reducir las emisiones. Sin embargo no es cierto que el balance de emisiones de los biocombustibles sea neutro. Diversos factores relativos al tipo de insumo utilizado;  posibles cambios en el uso del suelo, la tecnología de conversión utilizada, son factores determinantes del nivel de emisiones asociadas a un biocombustibles dado.  

Si bien algunos combustibles derivados de cultivos energéticos pueden contribuir a reducir emisiones de GEI en el transporte, éstos deben limitarse a aquellos que presentan un balance energético y de carbono altamente positivo, como el caso del etanol obtenido de la caña de azúcar en Brasil.  
 
El bioetanol en base a maíz, posee un balance energético extremadamente pobre que hace desaconsejable apostar hacia esa tecnología. En el mismo caso encontramos al biodiesel de soja que presenta un  balance también bajo y requeriría un análisis mucho más completo. En cuanto a las emisiones de GEI para el caso de la soja son varios los factores a tener en cuenta. Uno de ellos, que deteriora enormemente su contribución climática, es que este cultivo ha estado impulsando la deforestación y por lo tanto su expansión ha generado enormes emisiones por pérdida de masa forestal y por cambios en el uso del suelo.
 
Los biocombustibles obtenidos de cultivos deben demostrar fehacientemente que poseen un balance energético positivo para convertirse en una genuina alternativa energética ya que su producción se destina gran cantidad de energía en el cultivo de la tierra, la cosecha y el proceso de conversión a combustible. Realizando un análisis del ciclo completo, el combustible obtenido debe brindar una cantidad significativa de energía por sobre la que se ha gastado en su obtención. Esto está ligado a un análisis exhaustivo del balance de GEI que se han emitido durante el procesamiento del cultivo.