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La eficiencia energética es la respuesta más rápida a la demanda de energía en el actual contexto de escasez en el suministro y es el camino más eficaz para reducir las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) a la atmósfera, y así mitigar las graves consecuencias del cambio climático. La prohibición que demandamos es el primer paso para desarrollar un programa nacional de eficiencia energética que trascienda el “voluntarismo” al que se ha venido apelando desde el Gobierno Nacional.

El 25 por ciento de la energía eléctrica usada en el país es para iluminación. Para reducir este consumo la medida más rápida y efectiva es el reemplazo de lámparas incandescentes por las de bajo consumo, que duran entre 5 y 10 veces más y ofrecen la misma iluminación consumiendo un 75 por ciento menos de energía. Para más información sobre las lámparas de bajo consumo hacé click aquí.


El reemplazo de las lámparas incandescentes a nivel nacional, incluyendo a los sectores residencial, público y comercial, permitiría una disminución del consumo similar a la generación de energía eléctrica prevista por la Central Atómica Atucha II.

Canadá, Australia, Irlanda, Venezuela, Cuba y Nicaragua son algunos de los países que ya han establecido una fecha límite para la venta de lámparas incandescentes.

Argentina posee la peor matriz energética de la región; depende en más de un 80 por ciento de combustibles fósiles (petróleo y gas) y al mismo tiempo está dejando de ser un país autosuficiente en materia de hidrocarburos con una creciente dependencia del gas y el fuel oil importado. En el corto plazo, va camino a convertirse en un país importador de crudo y gas, lo que arrastrará todos los costos a valores internacionales.

Si querés más información sobre nuestra campaña, podés descargar el informe "Eficiencia Energética: Primer Paso", hace click aquí.

 
 

1] El ahorro que una LFC ofrece puede ser del 75% al 80% respecto de una lámpara incandescente para la misma potencia lumínica.

 
 2] Las lámparas de bajo consumo duran entre 5 y 10 veces más que las incandescentes.
 
 

3] Al aportar a la eficiencia energética, reducimos la dependencia de fuentes contaminantes y caras como los combustibles fósiles y la energía nuclear.

 
 

4] Las lámparas de bajo consumo tienen mil veces menos mercurio que un termómetro clínico y cien veces menos que un clásico tubo fluorescente.

 
 

5] Si bien su precio es más elevado que las incandescentes, el costo se recupera rápidamente por su efectividad y duración.