Este proceso climático
está poniendo en riesgo la permanencia de los glaciares,
principales reservorios de agua dulce. El carbón no es una
opción para ser impulsada en la situación actual y en la situación
que viviremos en los próximos años; que se haya promovido y
alentado su uso a mediados del siglo pasado, no le otorga
racionalidad a hacerlo ahora.
En relación a la cuestión climática, con frecuencia se
repiten expresiones tales como que Argentina "no tiene
compromisos". Esa expresión es falsa, una gran
equivocación. Lo que no tiene Argentina es un compromiso
cuantificado legalmente vinculante, es decir, no tiene que cumplir
una meta específica en materia de reducción de emisiones. Pero
Argentina, al ser parte de la Convención Marco de Naciones Unidas
sobre Cambio Climático (1992) asume compromisos de reducción
(Artículo 4). Luego, al ser también parte del Protocolo de Kyoto
(1997) ese compromiso se repite en su artículo 10. Es decir,
nuestro país, como parte de esos acuerdos, debe formular
políticas de mitigación.
El desarrollo del carbón como fuente de energía
es un grave error que está cometiendo el gobierno nacional.
Se trata de una fuente de energía sucia cuando disponemos de
recursos energéticos limpios sin desarrollo alguno, como la energía
eólica. Mientras se destinan anualmente cientos de millones de
dólares en energías sucias, para las energías renovables sólo
existen promesas y anuncios que nunca se concretan. El muy pobre
desarrollo de la energía eólica es una clara muestra del fracaso de
la política energética para poner a la Argentina en un camino
de sustentabilidad.
En la actualidad en Argentina no se utiliza el carbón como
fuente de energía más que en una pequeña porción. El proyecto
de construir una planta a carbón y reabrir la mina e carbón en Río
Turbio, en la Patagonia, es
el primer paso en un plan de uso masivo del carbón para
generar electricidad y que proyecta alcanzar una potencia de
alrededor de 4.000 MW para el año 2025.
Es preocupante la incapacidad del Gobierno Nacional para
generar un modelo energético innovador y que esté a la altura
del desafío climático que enfrentamos.
Lamentablemente, esta decisión muestra que no se está tomando
responsablemente lo que está en juego en relación al cambio
climático. En definitiva, no es algo demasiado diferente a lo
que ocurre en las discusiones climáticas internacionales: demoras
en las decisiones, dobles discursos y que todo siga igual, es decir
peor.
Argentina puede iniciar ya mismo
la transición hacia las energías renovables, reduciendo
emisiones y contaminación, minimizando impactos sociales y
generando empleos sustentables. El potencial de recursos existente
lo permite, la capacidad tecnológica también, sólo falta la
voluntad política de cambiar.
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