Incineración y rellenos sanitarios

Página - 14 diciembre, 2010
La industria de la incineración propone la quema de los residuos sólidos urbanos, los residuos hospitalarios y los residuos peligrosos industriales. Lejos de solucionar el problema de la basura, la incineración genera nuevos problemas ambientales y sanitarios, por las emisiones de sustancias tóxicas y la generación de cenizas que requieren de una disposición segura, además de suponer un derroche de recursos.

NO a la incineración

Las plantas de incineración emiten miles de sustancias químicas tóxicas que dañan la salud: metales pesados como mercurio, cromo, cadmio, arsénico, plomo y berilio; hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs); bencenos clorados; naftalenos policlorados; compuestos orgánicos volátiles (COVs); gases ácidos como óxidos de azufre; dióxidos de nitrógeno y ácido clorhídrico; gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, entre muchas otras.

Además, en el proceso de incineración de residuos se forman compuestos nuevos –dioxinas y furanos- conocidos como Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs). Estas sustancias son extremadamente tóxicas, cancerígenas, persistentes y bioacumulables que además pueden dispersarse grandes distancias de su fuente.

Las empresas afirman que monitorean estas emisiones y que hoy las plantas de incineración son más seguras. Sin embargo, el monitoreo de emisiones tóxicas no controla todas las emisiones tóxicas que producen. Además, las mediciones se realizan esporádicamente y en condiciones óptimas. Los resultados no reflejan, entonces, el verdadero funcionamiento de las plantas durante todo el año. Tampoco tiene en cuenta los momentos críticos, por ejemplo, cuando se apagan o prenden motores o cuando existen fallas, momentos en que las emisiones aumentan. Aunque existen métodos para monitorear, por ejemplo dioxinas en forma casi continua, se utilizan en pocos países.

Frente a los rechazos de las comunidades a la incineración, empresas y gobiernos comenzaron a promover la incineración con recuperación de energía supuestamente “verde” y “limpia”, buscando ser más aceptables para la sociedad. Sin embargo, la incineración de residuos con recuperación de energía es igualmente una opción riesgosa de gestión de residuos, ya que genera emisiones de sustancias tóxicas que afectan al ambiente y a la salud de la población, supone un derroche de recursos, además de ser una modalidad ineficiente de recuperar energía y para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. Por otro lado, los tratamientos termoquímicos alternativos como la gasificación, pirólisis o arco de plasma no han demostrado hasta la fecha ser opciones viables para los residuos sólidos urbanos desde el punto de vista ambiental, técnico y económico.

En mayo de 2001, Argentina firmó junto a otros 90 países el Convenio de Estocolmo, un acuerdo internacional para eliminar del planeta las cancerígenas dioxinas, compuestos muy tóxicos que son especialmente emitidos por los incineradores de residuos.

Para combatir la instalación de incineradores de residuos en Argentina se formó la Coalición Ciudadana Anti-incineración que reúne a organizaciones y ciudadanos preocupados por los impactos ambientales y sanitarios de estas tecnologías y forma parte de la Alianza Global por Alternativas a la Incineración (GAIA). En estos últimos 15 años consiguieron el cierre de numerosas instalaciones destinadas a estos procesos.

Por otro lado, el artículo 7 de la Ley de Basura Cero (Ley 1854) de la Ciudad de Buenos Aires sancionada en 2005, prohíbe la incineración de residuos sólidos urbanos de la ciudad dentro de su jurisdicción o fuera de ella. Link Ley

Todas las formas de incineración suponen un riesgo para la salud y el medio ambiente, aunque se inviertan cada vez mayores sumas de dinero para mejorar las tecnologías. La búsqueda de soluciones “mágicas” para el tratamiento de residuos sólo desvía recursos que podrían destinarse a sistemas de gestión de RSU seguros desde el punto de vista ambiental, social y económico.

NO a los rellenos sanitarios

Cuando se habla de relleno sanitario, se hace referencia a un sitio de disposición final de residuos. Los mecanismos de ingeniería de los rellenos sanitarios pretenden reducir los impactos negativos de los residuos en el medio ambiente.

Un relleno sanitario está compuesto básicamente por una depresión en el terreno, cubierta por una membrana inferior, un sistema de recolección de líquidos lixiviados, un sistema de recolección de gases, y ocasionalmente, una cobertura. No necesariamente todos estos elementos están presentes en todos los rellenos sanitarios.

La infografía a continuación explica los distintos componentes de un relleno sanitario y cómo pueden fallar:

Al depositarse los residuos en los rellenos, éstos comienzan a descomponerse mediante una serie de procesos químicos complejos. Los productos principales de la descomposición son los líquidos lixiviados y los gases. Tanto los líquidos como los gases pueden afectar la salud de las poblaciones de los alrededores.

Los líquidos lixiviados se forman mediante el percolado de líquidos (como por ejemplo, agua de lluvia) a través de sustancias en proceso de descomposición. El líquido, al fluir, disuelve algunas sustancias y arrastra partículas con otros compuestos químicos. Los ácidos orgánicos formados en ciertas etapas de la descomposición contenidos en el lixiviado (como ácido acético, láctico o fórmico) disuelven los metales contenidos en los residuos, transportándolos con el lixiviado (Friends of the Earth, 1996).

La producción de metano se debe a la actuación de microorganismos como bacterias, que mediante procesos biológicos degradan los residuos, emitiendo éste y otros gases, y liberando otras sustancias químicas. El metano (CH4) es uno de los 6 gases de efecto invernadero regulados por el Protocolo de Kyoto. Este gas atrapa 20 veces más el calor que el dióxido de carbono (CO2), considerado el principal GEI.

Los que construyen los rellenos sanitarios alegan que una vez abandonado un relleno sanitario, y cubriéndose el mismo con un cobertor, la ausencia de oxígeno o agua impediría la posterior degradación de los residuos. Sin embargo, cualquier rotura o desgaste de la membrana de cubrimiento, transformaría a los líquidos lixiviados y los gases en peligrosos para las comunidades vecinas.