Greenpeace advierte que la producción de biocombustibles amenaza la seguridad alimentaria y a los bosques nativos

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Noticia - 2 junio, 2008
Greenpeace volvió a advertir el peligro que representa la producción a gran escala de biocombustibles orientada a abastecer el mercado internacional. Al comenzar la Conferencia Mundial sobre Seguridad Alimentaria que se desarrollará en Roma del 3 al 5 de junio, Greenpeace reclamó a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner que adopte criterios de sustentabilidad para la producción de biocombustibles.

Al comenzar la Conferencia Mundial sobre Seguridad Alimentaria que se desarrollará en Roma del 3 al 5 de junio, Greenpeace reclamó a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner que adopte criterios de sustentabilidad para la producción de biocombustibles.

En el marco de la Conferencia Mundial sobre Seguridad Alimentaria convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que cuenta con 194 Estados miembros, Greenpeace denunció nuevamente los impactos ambientales y sociales que los actuales patrones de producción de biocombustibles tendrán en nuestro país y la región.

A pesar de las advertencias de investigaciones científicas y las denuncias de importantes organismos internacionales como la FAO, acerca de la amenaza que los biocombustibles representan para la seguridad alimentaria y para los ecosistemas naturales, muchos gobiernos de todo el mundo siguen impulsando y promoviendo la producción a gran escala de biocombustibles, tratando de alcanzar sus metas domésticas.

"La cumbre de la FAO se desarrolla en un contexto de crisis de la seguridad alimentaria a nivel mundial. Los patrones de producción de biocombustibles hoy son una de las variables que influyen en esta crisis, poniendo en peligro la subsistencia de las poblaciones más pobres del mundo al influir esta producción sobre los precios de los alimentos y competir por las tierras cultivables", señaló María Eugenia Testa, miembro de la Unidad Política de Greenpeace. "Por otro lado, la extensión de cultivos tales como el maíz, la soja, la colza o la caña de azúcar, destinados a la producción de biocombustibles, influye también en las tierras agrícolas disponibles, provocando la destrucción, directa e indirecta, de ecosistemas naturales, como los bosques nativos".

Semanas atrás Greenpeace presentó al gobierno nacional un documento en el cual se plantea la necesidad de establecer criterios de sustentabilidad a la hora de pensar una política nacional para el uso de la bioenergía, en la que deben priorizarse sólo las opciones que logren una reducción efectiva y considerable de gases de efecto invernadero (GEI) de al menos un 60 por ciento; que no degraden directa o indirectamente bosques naturales ni otros ecosistemas y que no amenacen la seguridad alimentaria local, en especial la de los países en vías de desarrollo. Más de 100 mil personas apoyaron este pedido y escribieron a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, reclamando la adopción de estos criterios.

Durante la Cumbre organizada por la FAO los Jefes de Estado discutirán cómo abordar el problema de la crisis alimentaria a nivel mundial frente a la subida de precios alimentarios, la escasez de agua y de tierras, el cambio climático, el aumento de las necesidades energéticas y la producción de bioenergía y el crecimiento de la población.

"La producción de biocombustibles hoy día está siendo impulsada por los gobiernos de los países industrializados como una "solución rápida" para el problema de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que producen el cambio climático, pero lo que está generando son más problemas que soluciones. El aumento en el precio de los alimentos, la mayor demanda de tierras y la destrucción de ecosistemas naturales, son las consecuencias más inmediatas de la creación de un mercado internacional, en el cual los países en vías de desarrollo se colocan como los proveedores de biodiesel y etanol para que los países desarrollados puedan cumplir sus metas de reducción de emisiones de GEI", sostuvo Testa.

La reglamentación europea estipula un corte obligatorio de los combustibles usados en el transporte con un 5,75 por ciento de biocombustibles para 2010 y del 10 por ciento para 2020.  "Europa ha establecido un corte que excede su capacidad de producción," sostuvo Juan Carlos Villalonga, Director Político de Greenpeace Argentina, "por eso se procura que los países de América Latina se conviertan en proveedores dentro del mercado internacional, poniendo en peligro su patrimonio natural".

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