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Para Greenpeace la presión del mercado externo generará la expansión de la frontera agrícola para la producción de biodiesel, esto se convertirá en la sentencia de muerte para los últimos ecosistemas forestales nativos.

En el marco del Congreso Internacional de Biodiesel , realizado en Buenos Aires el 18 y 19 de octubre, Greenpeace hizo una seria advertencia acerca de algunos de los impactos que implicará la expansión de la producción de soja para satisfacer la demanda externa de biodiesel sobre los bosques nativos. La organización ambientalista además, remarcó que la soja y el maíz son las peores opciones ambientales para la producción de biocombustibles.

Una de las mayores preocupaciones de Greenpeace es la visión que mostraron algunos funcionarios que participaron del Congreso acerca de la expansión de la frontera agropecuaria. Es el caso del Ministro de Planificación Federal, Julio de Vido quien enfatizó la necesidad  de incorporar nuevas tierras de Chaco, Salta , Santiago del Estero y Santa Fe a la producción, al mismo tiempo que señaló que el Estado acompañará esta oportunidad de la Argentina con medidas y políticas para el desarrollo del sector.

“Hoy en día, nadie esta pensando en producir biodiesel para cubrir el consumo interno. La presión del mercado internacional, la suba de los precios por la demanda y las retenciones impuestas al biodiesel en relación con las oleaginosas y el aceite, provocará, indefectiblemente, la expansión de las superficies de cultivo de soja, lo que significa una catástrofe ambiental para nuestro país”, señaló Juan Carlos Villalonga, Director Político de Greenpeace.

La ley argentina establece que, a partir de 2010, el gasoil y la nafta deberán ser cortados con 5% de combustibles verdes, lo que equivale a 600.000 toneladas de biodiesel y 160.000 toneladas de etanol. En la Unión Europea, la región que más demandará sobre los mercados de América Latina, el corte establecido será del 5,75% también en tres años.

Todo lleva a suponer que el negocio de los biocombustibles en nuestro país se dividirá entre un mercado grande de exportación, que abastecerán las cerealeras (que no se ven beneficiadas con la ley de promoción del sector), y uno medio, que se dedicará a proveer el corte obligatorio que requerirá el país (pymes de menos de 65.000 toneladas de capacidad, que probablemente logren acceder a las ventajas impositivas).

“La presión para volcar enormes volúmenes de producción al mercado internacional implica un riesgo enorme, generando una actividad que distorsiona económicamente la actividad agrícola y una tecnología de la que se desconocen sus reales impactos y que parte de un modelo de explotación agrícola de la soja que es insustentable. Es preciso comenzar el desarrollo del sector con el objetivo propuesto para el mercado local y hacer la experiencia controlada, además se deben eliminar todos los beneficios a la producción de biocombustibles para exportación” aseguró Villalonga, a lo que agregó “La producción de biocombustibles no debe implicar ni acelerar directa o indirectamente la pérdida de la biodiversidad y la destrucción de los bosques nativos”.

Mientras las exportaciones de biodiesel alcanzan en lo que va del año unas 60 mil toneladas, nuevas plantas, cuya producción estará orientada al mercado externo, siguen inaugurándose. Es el caso de la planta RENOVA, de las firmas Vicentín y Glencore,  en San Lorenzo, Santa Fe, con una capacidad de producción de 200 mil toneladas anuales. RENOVA es hoy la planta productora de biodiesel más grande de la región que ya está en funcionamiento. También se apronta la inauguración de otra mega planta, Ecofuel, de las firmas Aceitera General Deheza y Bunge.

Las tasas de las retenciones a las exportaciones benefician aún más el negocio del campo en los biocombustibles: mientras el  biodiesel paga 5%, las retenciones a las oleaginosas oscilan entre 24% (aceite) y 27,5% (en grano). Las exportaciones de biodiesel, además, han recibido un reintegro del 2,5%, si a esto sumamos que el precio actual de la tonelada de exportación de biodiesel es US$ 760, cifra que, se prevé, irá en ascenso (se llegó a pagar 900 euros en Europa), podemos ver una jugosa oportunidad para el campo.

“Es necesario que se incorpore al sector energético en la discusión, los biocombustibles no pueden convertirse solo en un negocio o interés para el campo. Debemos trabajar sobre las opciones energética y ambientalmente más aptas. La soja y el maíz son las peores opciones en cuanto a generación de energía y reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)” sostuvo Villalonga.

En relación al biodiesel en base a soja, el balance energético es bajo y requiere de un análisis mucho más detallado, ya que aún falta información sobre el mismo. En cuanto a las emisiones de GEI son varios los factores a tener en cuenta. Uno de ellos, que deteriora enormemente su contribución climática, es que este cultivo ha impulsado la deforestación y por lo tanto su expansión ha generado enormes emisiones por pérdida de masa forestal y por cambios en el uso del suelo.


PARA MAS INFORMACION:
Rosario Espina: rosario.espina@ar.greenpeace.org