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Emiliano Ezcurra tiene 35 años y hace 20 que está en Greenpeace Argentina, es decir, desde el principio. Desde antes del principio para ser exactos, porque el “enamoramiento” entre Greenpeace y Emiliano empezó antes, cuando leyó en la revista española Natura una nota sobre la organización y lo que más le llamó la atención fue que el trabajo era en equipo, en donde el esfuerzo, los logros y los fracasos son de todos. El quiso estar ahí. Y lo logró.

¿Cómo llegaste a Greenpeace?

A los catorce años escribí una carta a Greenpeace España diciéndoles que yo quería participar y ellos me contestaron que había alguna posibilidad de que se abriera una oficina acá.

¿Te acordás del primer día?

Llegué a la oficina que quedaba en la calle Tucumán, un lugar chiquito, donde había unas diez personas. Yo entré como voluntario para hacer lo que se necesitara: servir café, atender el teléfono, hacer trámites. Mientras tanto, leía todo lo relacionado con la actividad de Greenpeace y todos los libros de biología que encontraba, en ese momento, me di cuenta de que lo que yo quería era hacer algo para proteger a los animales y las plantas que otros estudiaban. Necesitaba accionar, en el más puro sentido de la palabra.

¿Y después cómo siguió la historia?

Pasé a trabajar en la recepción y más adelante, fui coordinador de campaña, responsable de la campaña de ozono, luego de la de pesca y por último, la de bosques. Desde hace dos años soy el Director de Campañas, coordino del trabajo de los responsables de las campañas, que actualmente son tres: bosques (contra los desmontes); papeleras (contra la instalación y funcionamiento de papeleras contaminantes) y energía (a favor del uso de energías renovables y contra la energía nuclear).

¿Cuál es el logro que más recordás?

El primer gran triunfo fue cuando se empezó a usar la tecnología greenfrezze en las heladeras. Yo estaba trabajando en la campaña para proteger la capa de ozono y empezamos a hacer lobby para que los gases que se utilizaran en las heladeras fueran no contaminantes. Al poco tiempo, en una reunión del Banco Mundial, un ingeniero le explicaba a los empresarios argentinos por que lo que proponía Greenpeace no servía y vi como cada uno le decía que ellos iban a adoptar nuestra tecnología. Todavía ahora, me parece increíble entrar en cualquier casa y saber que su heladera no contamina gracias a ese trabajo.

¿Hubo otros triunfos? ¿Cuáles?

La Ley de Energía Eólica y Solar, en 1998. Fue increíble haber podido dar vuelta un veto del entonces presidente Carlos Menem. Otra gran alegría fue la aprobación de la Ley de Basura Cero para la Ciudad de Buenos Aires en 2005. Y haber logrado que la Reserva de Pizarro no sólo no se desmontara sino que se transformara en el primer Parque Nacional administrado por el gobierno y por la comunidad wichi. Fue algo increíble, muy emocionante.

Pasaron veinte años. ¿Cuál es el desafío para los próximos veinte?

Que el mercado se vuelva verde. Lograr que el mercado acompañe al medioambiente y no que el medioambiente muera a manos del mercado. Porque en el mundo hay millones de personas que creen en Greenpeace, hay miles de leyes impulsadas por Greenpeace. Ahora, es el tiempo del mercado y ahí quisiera estar para lograrlo.