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Por Juan Carlos Villalonga, director Político de Greenpeace
Nuevamente podemos corroborar el ascenso imparable de la curva de temperaturas globales. Los datos preliminares indican que el año 2006 se ubicará como el sexto valor promedio de más altas temperaturas desde que se tiene registro científico.
La curva ascendente de temperaturas registró su pico máximo en el 2005 y el segundo lugar se ubica en el año 1998. Los 10 años más calurosos sucedieron en los últimos 12 años. Los datos definitivos del año 2006 se conocerán a comienzos de 2007 pero la tendencia es clara. Mientras las temperaturas aumentan se incrementan los signos de un mundo que ha comenzado a ser otro, como es el caso de la reducción del hielo perenne del Artico en un 14% entre 2004 y 2005, unos 720.000 kilómetros cuadrados.
Mientras eso ocurre y nos deslizamos hacia el límite donde los cambios pueden cobrar una magnitud dramática, algunas señales de reacción permiten sostener que todavía es posible pensar en aprovechar el escaso margen de maniobra que tenemos. Contamos con apenas poco más de 15 años para cambiar las tendencias y lograr que el cambio climático no produzca una suba de la temperatura mayor a 2° C, un límite algo arbitrario pero que delimita un nivel de deterioro extremo.
Una de las señales positivas nos la brinda nuevamente el desarrollo de la energía eólica a escala global. Con una previsión de crecimiento para este año que la llevaría a alcanzar los 72.500 MW de potencia instalada todo hace prever que esa cifra será superada a juzgar por los valores preliminares que llegan de los principales mercados.
Esa capacidad instalada representaría un incremento del 22% durante el año 2007. La energía eólica continúa siendo la fuente energética de más rápido crecimiento anual. Mantiene así su ritmo de crecimiento de los últimos años y su curva de potencia instalada está dentro de lo esperado en los pronósticos más optimistas. Para que esto se produzca hay dos factores que lo hacen posible, uno es la decidida aplicación de programas gubernamentales que bajo diferentes esquemas van creando las condiciones de mercado para el desarrollo de las inversiones, todavía estos programas se concentran en un grupo reducido de países, aunque en crecimiento. El otro factor es la permanente innovación y mejora en los rendimientos y costos de los equipos eólicos. Una industria madura que brinda respuestas allí donde el mercado energético brinda las condiciones mínimas para su desarrollo.
Este crecimiento, si bien no alcanza por si solo para neutralizar nuestra dependencia de los combustibles fósiles, permite pensar en todo lo que es posible hacer y que, por ejemplo, aún estamos lejos de concretar en Argentina a pesar de nuestro inmenso potencial.
Una película como "Una Verdad Incómoda" (2006) debería ser una posible fuente de inspiración para la clase política local, pero todo indica que ésta se encuentra muy ocupada en bloquear las iniciativas legislativas tendientes a reducir la deforestación, en aprobar presupuestos para abrir plantas de carbón, reactivar un anacrónico plan nuclear y fortalecer subsidios y promociones a la industria del petróleo.
Por otro lado, la violencia con que las inundaciones están golpeando a las provincias argentinas debería ser una indiscutible llamada de atención para nuestros representantes que todavía disfrutan de sus vacaciones mientras desoyen las advertencias sobre las consecuencias que traen el calentamiento global y el desmonte.
Aquí vamos hacia el 2007, en un mundo más caliente y más vulnerable, pero debemos saber que existen las soluciones a poner en marcha. El trabajo verdaderamente difícil es hacer que tales ideas entren en las cabezas de quienes toman decisiones. Difícil pero impostergable.