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“Las energías renovables se han convertido en la Argentina en un terreno donde funcionarios de todo nivel, nacionales, provinciales y locales, se permiten desplegar su imaginación y realizar anuncios de obras y emprendimientos sin que exista la menor intención y posibilidad de realizarlas”

Por Juan Carlos Villalonga
Director Político
Greenpeace Argentina

El cambio climático se ha instalado de manera implacable en los medios y en la percepción pública. La incertidumbre cede ante las evidencias que hasta hace poco tiempo permanecían como hipótesis en los informes científicos que circulaban en los circuitos especializados.

El año 2005 es el que registra la máxima temperatura promedio global del que se tenga registro seguido de los años 1998, 2002, 2003 y 2006. Una secuencia que ya no admite discrepancias acerca del fenómeno que estamos generando en el clima global debido a las emisiones de gases, principalmente producto de la quema de combustibles fósiles: gas, carbón y petróleo.

Dada esta realidad, que cada vez ocupa mayores espacios en los medios de comunicación, el cambio climático se ha instalado también entre las “preocupaciones” gubernamentales en todo el mundo. Pero esta preocupación difiere notablemente en el modo en que se traduce en acciones de gobierno. Mientras que en muchos casos se transforma en decisiones serias para cambiar la matriz energética y hacerla menos dependiente de los combustibles fósiles; lo que ocurre en Argentina es simplemente una andanada de anuncios sin ningún sustento y, por el contrario, en mayores inversiones que aumentarán la dependencia de nuestras menguantes reservas fósiles.

Las energías renovables se han convertido en la Argentina en un terreno donde funcionarios de todo nivel, nacionales, provinciales y locales, se permiten desplegar su imaginación y realizar anuncios de obras y emprendimientos sin que exista la menor intención y posibilidad de realizarlas. A cambio obtienen unos centímetros o segundos de efímera presencia en los medios aprovechando la preocupación “climática” del momento. La absoluta paralización de todo tipo de proyecto en materia de energía eólica es una de las lamentables realidades energéticas de la Argentina. Entre tanto, los anuncios y las abundantes especulaciones vinculadas a los biocombustibles están motorizadas centralmente por el interés de agregar valor a ciertos cultivos y pasan por alto las mínimas certezas ambientales y energéticas.

Los anuncios de ENARSA, la empresa energética estatal, que prometían una serie de proyectos eólicos que permitirían el despegue de una industria eólica local no pasaron de ser anuncios que suman descreimiento y no hay ninguna medida tendiente a crear condiciones para que las inversiones aparezcan en ese rubro. El año pasado se incrementó un 25% la potencia eólica global trepando a 74.000 MW, mientras, la parálisis en Argentina sorprende frente al potencial existente. En el mapa regional, Argentina desapareció del interés en esta materia frente a países como Brasil, Chile o México.

Por otro lado, las inversiones energéticas del Gobierno Nacional, único actor existente hoy, se concentran en aumentar el suministro de gas natural propio e importado y en incrementar las inversiones en exploración de petróleo tradicional y offshore. Lo peor sucede con proyectos que sin tener la menor racionalidad energética y ambiental son resultados de lobbys y anacronismos. Ejemplo de esto son los miles de millones de dólares destinados en los próximos años a mantener con vida a la energía nuclear, inversiones que no resultarán en ninguna solución energética y sí en mayores riegos y problemas. Se necesitan alrededor de 500 millones de dólares para instalar una usina térmica que funcionará en base al carbón de Río Turbio, un colosal retroceso tecnológico. Vamos en la dirección que el mundo abandona.

Contrastando los dichos con los hechos debemos concluir que hacer demagogia con el cambio climático puede ser tan nocivo como cuando años atrás muchos de los mismos verborrágicos funcionarios de hoy negaban las evidencias del calentamiento global.

El cambio climático es una realidad que requiere de acciones urgentes si queremos evitar daños mayores y si a esto le sumamos una reducción dramática de las propias reservas de gas y petróleo, la realidad energética nacional debe ser transformada de raíz. De nosotros depende hacer que las decisiones sean adoptadas en la dirección correcta. Decisiones que deben traducirse en inversiones, no en palabras. Con palabras no vamos a detener el cambio climático, eso es algo que debemos advertirle a nuestros gobernantes. Hoy tenemos una postal del futuro con medio país bajo el agua. Llegamos a esta situación porque nadie escuchó las advertencias de los últimos 20 años. ¿Las escucharán ahora?.

PARA MAS INFORMACION:
Juan Carlos Villalonga: jvillalo@ar.greenpeace.org