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| Rex Weyler fue el primer Director de la Fundación Greenpeace, el editor del primer newsletter de la organización, y el cofundador de Greenpeace Internacional en 1979. Fue también fotógrafo y reportero en las primeras campañas de focas y ballenas de Greenpeace y ha escrito una de las mejores y más exhaustivas historias de la organización, “Greenpeace” (Raincoast, 2004). Su libro, “Sangre de la Tierra, una historia del Movimiento Indoamericano”, fue nominado al Premio Pulitzer. “Verde profundo” es la columna mensual de Rex, donde recorre las raíces del activismo y el ecologismo, y nos cuenta acerca del pasado, presente y futuro de Greenpeace. |
Capítulo 3: El señor de las moscas
La historia demuestra que la sociedad
puede cambiar si alguna fuerza moral (derechos civiles, derechos de las
mujeres) desafía las convenciones sociales. De cualquier manera, antes de poder ser optimistas sobre la resolución de la crisis ambiental, debemos ser
realistas. De otra forma, nuestra confianza es ilusoria.
Los analistas luchan por evaluar nuestro
dilema de vivir dentro de una experiencia que aún estamos tratando de entender.
Somos la variable de más rápido cambio en este experimento. Seis mil años representan sólo un parpadeo
en la historia de
Adiós tomate.
En mi clase de Biología
del secundario, pusimos una docena de “moscas de la fruta”– machos y hembras-
en un frasco junto a un tomate. Las moscas se multiplicaron día tras día. Contamos
y graficamos la población, y los datos formaron una elegante curva que registré
en un papel de dibujo: veinte, cuarenta, y de repente cientos de moscas
alimentándose del tomate. Después de un mes el frasco estaba lleno de moscas y
el tomate a medio comer. Nos fuimos a casa por el fin de semana y cuando
regresamos a la clase el tomate había desaparecido y las moscas estaba muertas.
El pequeño experimento ilustra el
crecimiento exponencial en la naturaleza. No hay ningún caso en que ese
crecimiento continúe para siempre. Ninguno. La economía global no puede
duplicarse cada 20 años para siempre. El planeta no puede soportar ni siquiera
que el 1% de la población crezca indefinidamente.
Un aspecto importante de la lección del
experimento de las moscas de la fruta es que por un mes, todo aparentaba ser
excelente en Tomatelandia. El colapso
llegó en un instante. ¿Somos más inteligentes que las moscas? Ya comimos más de
la mitad de nuestro tomate,
¿En qué tenía razón
Malthus?
Al final del 1800, Thomas Malthus predijo
que el crecimiento exponencial de la
población humana iba eventualmente a sobrepasar el suministro de alimentos. “Una muerte prematura visitará de una manera
u otra a la raza humana”. Él citó la guerra, las enfermedades, el hambre, a lo
que nosotros debemos agregarle la muerte de los ríos, la erosión de los suelos,
la desertificación, el cambio climático, el aumento del nivel del mar, entre
otros problemas ambientales.
En el siglo veinte, los
industriales instalaron la noción popular de que Malthus estaba equivocado.
Él había
fracasado, y la teoría se usó en beneficio de las ganancias de una
tecnología – combustibles baratos, fertilizantes, pesticidas, ingeniería
genética y la llamada “revolución verde”- que nos iba a permitir escaparnos de
las leyes de la naturaleza.
Pero la tecnología sólo nos ayudó a comer el “tomate”
de una manera más eficiente. Al
final, las leyes de la naturaleza prevalecieron. Una población que crece exponencialmente con demandas que crecen de
igual manera, no puede sostenerse por sí misma en un planeta fijo.
Todo alcanzó su nivel
máximo
En los 70´s la industria pesquera mundial se vio
sorprendida por una serie de eventos inesperados. Por cientos de años, la
humanidad había aumentado la productividad de los océanos con botes más
rápidos, redes más grandes y sonares de avanzada. Sin embargo, en 1970 la
producción en el océano se estancó en 65 millones de toneladas métricas (mmt)
por año. Descubrieron que los avances de la tecnología no podían crear más
peces. La pesca de la anchoa peruana cayó en picada a mediados de los 70’s y
nunca se recuperó. La pesca del bacalao del Atlántico Norte fue devastada y
continúa así.
Escribiendo sobre esto en 1977, Paul
Ehrlich predijo que la industria pesquera “desplazaría la cadena alimentaria un
escalón más abajo” llevando a generar una producción extraída desde lo más profundo con peces y fitoplanctons más
pequeños. Además señaló que existirían menos peces por persona a causa del crecimiento
de la población. Esto es exactamente lo que ocurrió. La tecnología pesquera se hizo más fuerte con grandes cantidades de
biomasa oceánica, pero la producción de peces per cápita declinó un 80%. Es
decír, había más peces, pero con menor calidad y cantidad por persona.
Olvidemos las discusiones sobre si el
petróleo ha alcanzado su pico máximo. Todo
ha llegado a su pico máximo. No hay ningún recurso disponible hoy en el planeta
del cual vaya a haber más en el futuro, excepto quizás el calor. La
producción mundial de petróleo ya ha alcanzado su pico más alto y si le sumamos
los factores de “energía neta”, ya está decayendo. La energía neta de petróleo
per capita llegó a su cima 3 décadas atrás, en 1979.
Había
una vez 8 mil millones de hectáreas de bosques en
Población y consumo
Cada año la población mundial aumenta en 75
millones de personas, un equivalente a 50 ciudades con el tamaño de Amsterdam o
Vancouver. Energía, alimentos, agua e infraestructura quedan detrás de esta
aglomeración de gente. Tomemos el ejemplo del agua:
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Cerca
de 1, 3 mil millones de personas – un quinto de la humanidad- carece de agua
potable segura, y cada año este número aumenta en 150 millones- dos veces la red de crecimiento poblacional. Drenamos ríos y acuíferos a costa de la sed
de la gente. Este escenario cumple con la predicción estudiada en los 70’s llamada “Límites para
crecer”, que decía que los recursos en declive se encontrarían con una
población creciente. El resultado: el hambre, las sequías, los desiertos, los
refugiados y las guerras por los recursos.
Reducir el crecimiento poblacional
representa un desafío delicado. Gobiernos y hasta grupos ambientalistas con frecuencia
evitan esta cuestión. El consumo excesivo
es de hecho un factor grave, pero el crecimiento de la población pone la
presión en los recursos del planeta. China, India, Sudamérica y el resto del
mundo en vías de desarrollo anhelan la prosperidad de Europa y América. Las desposeídas moscas codician las fortunas
de las moscas codiciosas, pero nada de esto crea más tomate.
Aprendimos el mes pasado que el programa
de alimentos de las Naciones Unidas, que intenta alimentar a cerca de 73
millones del billón de personas
desnutridas, no puede lograr sus objetivos debido al aumento de los precios de
los alimentos a nivel global. ¿Y qué es lo que está haciendo crecer estos
precios?
1- El aumento en los precios del petróleo
para el transporte marítimo
2- La
desertificación y la pérdida de humus
3- El uso de tierra agrícola para sembrar
maíz del etanol, combustible para los consumidores ricos con “conciencia
ecológica”.
Las Naciones Unidas muestran que el consumo
desproporcionado en los países ricos les saca la comida de la boca a los
pobres.
Otra de las teorías
preferidas de los industrialistas es que la “generación de la riqueza” reducirá
la población y aumentará los ingresos. Esa es una teoría conveniente porque es
parcialmente verdadera, pero la consolidación de la riqueza es la meta real de
estos planificadores sociales, y la población esta superando al crecimiento
económico. Agregamos más gente hambrienta y sedienta cada año. El intento de China de crear 700 millones
de consumidores urbanos está destruyendo su medioambiente y el de sus colonias
imperiales.
De
cualquier manera, allí existen dos auténticas soluciones al crecimiento de la
población: (1) mejorar los derechos de las mujeres y (2) hacer que los
anticonceptivos sean accesibles para todas. Estos objetivos deberían ser la
prioridad de las naciones ricas.
¿Dónde hay esperanza?
El
gasto militar global excede los 1,2 billones de dólares. Los Estados Unidos
gastan la mitad y Europa un cuarto. Los
grandes consumidores tienen todas las armas. Lo que podemos ver de todo esto es
que la paz mundial, la justicia social y la ecología siguen íntimamente
relacionadas.
Las
moscas más ricas están defendiendo su derecho a consumir la mayoría del “tomate”,
especialmente ahora que han vislumbrado que los recursos son limitados. China ahora se
ha sumado a América y Europa en la puja por comer el tomate antes de que
alguien más lo haga. ¿Somos más inteligentes que las “moscas de la fruta”?
Un
amigo insiste en que soy demasiado pesimista, que no creo en la ingenuidad
humana para resolver nuestras crisis. Él confunde realismo con pesimismo. Yo no
pienso que lo carecemos de ingenuidad, lo que nos falta es la compasión, el
sentido común y el coraje. No
vamos a construir nuestros caminos fuera de esto. El cambio necesario requiere
de un nuevo y radical paradigma. Debemos
adoptar una forma de vida ecológica y rechazar el consumo excesivo así como la civilización denuncia la
esclavitud y el sexismo. Estamos tratando de enverdecer nuestro consumo sin
cambiar realmente nuestros hábitos. Esto no funcionará. Me recuerda a aquellos
que proponían leyes para mejorar las condiciones de vida de los esclavos.
El optimismo que poseo
proviene del conocimiento de que los seres humanos compasivos y valientes – Gandhi, Rosa Parks, Aung San Suu Kyi – en
una crisis, se levantarán por la verdad y la justicia. Estos son los verdaderos guerreros de la
humanidad, los que no se ven intimidados por las consecuencias de actuar según
su conciencia. La valentía humana para hacer frente a los hechos es nuestra
esperanza. Imaginen si cada uno de
nosotros eligiera un problema y no descansara hasta que se resolviera. Esa es nuestra
esperanza.
| Emiliano Ezcurra* cuenta su experiencia con Rex Weyler, cuando en 2005 el fundador de Greenpeace vino a la Argentina a colaborar con la Campaña de Bosques. |
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35 años más tarde Rex, llegó a la Argentina para colaborar con nuestra campaña contra los desmontes, y unirse al equipo de los jaguares de Greenpeace frenando topadoras en los bosques de Salta. Compartimos muchos días de trabajo en nuestra oficina y partimos juntos hacia el norte de nuestro país, donde Rex participó de las reuniones previas y de las acciones con un ímpetu y una determinación que parecía que hacía unas horas se había bajado del “Phillis Cormack”, aquel viejo buque con el que 35 años atrás trataron de llegar a Alaska. Su alma de activista sigue intacta en cada uno de sus actos. No es un guerrero cansado que vino sólo para dar aliento y buenos consejos (algo que sin duda también nos brindó), sino que su presencia nos contagió de energía y compromiso para dar todo por esta causa. Su buen humor permanente en el trabajo y un gran profesionalismo son sus características principales y hacen que todos aquellos que formamos Greenpeace sigamos estando orgullosos de contarlo en nuestras filas” *Emiliano Ezcurra fue Coordinador de la Campaña de Bosques y Director de Campañas de Greenpeace Argentina. |