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La agricultura trasdicional es fuente de subsistencia de una gran parte de la población mundial.
Agrandar imagenLa agricultura industrial está deteriorando la tierra, en lugar de cultivarla. Perdiéndose el suelo, su fertilidad, sus barreras naturales y sus ecosistemas, la tierra se vuelve sólo un sostén inerte para la agricultura basada en insumos exógenos al lugar. Sus sistemas de trabajo comprometen a la tierra de la que todo nuestro futuro alimentario depende. Además, las fallas del actual sistema agrícola amenazan y separan más, a los ricos de los pobres.
Más que crear comida para satisfacer las necesidades de las comunidades locales para conseguir una dieta saludable, diversa y nutritiva, la industria agrícola produce semillas que se venden en mercados mundiales. Mientras que la producción mundial de semillas se ha patentado desde los años 50, , más gente hambrienta ha surgido ahora que hace veinte años atrás.
Pequeñas familias agricultoras han perdido el control de lo que ahora crece en sus tierras y no pueden pagar lo que ahora crece en ellas. Más aún, el resultado es una espiral ascendente de destrucción ambiental, pobreza y hambre.
El hambre y la pobreza van de la mano. "Soluciones" tecnológicas como la ingeniería genética, enmascaran los verdaderos problemas ambientales y sociales que causan el hambre. Esto incluye quién cultiva nuestra comida, cómo y dónde se cultiva, cómo se distribuye y quién tiene acceso a ella.
El argumento de que los transgénicos son vitales para alimentar al mundo y que tienen un rol esencial en modernizar la producción agrícola está basado en asumir que el hambre es producto de la poca cantidad de alimentos. Los promotores de la industria genética ignoran el hecho de que la mayoría de la gente hambrienta vive en países que producen más alimentos de los que necesitan.
La seguridad alimentaria no se alcanzará por mejoras técnicas o incluso por aumentar la producción alimentaria. Requiere entre otras cosas, acceso al dinero y a la tierra.
La industria argumenta que la ingeniería genética tiene un papel esencial en el aumento de la productividad agrícola en países pobres. No obstante, las afirmaciones que la industria proclama en este campo no han sido comprobadas, mientras que los riesgos para la salud pública y el medio ambiente se sabe que son altos.
Es paradojal, que la mayoría de la gente que sufre de hambre vive en países con excedentes de alimentos en lugar de déficits. Después de 30 años de rápido crecimiento en la producción agrícola, el mundo puede producir suficientes alimentos para suministrarle a cada persona más de 2.700 calorías al día - un nivel que normalmente es suficiente para garantizar que todo el mundo tenga acceso a cantidades adecuadas de alimentos. Sin embargo, en la actualidad 800 millones de personas sufren todavía de hambre y desnutrición en el mundo. (FAO)
Grandes segmentos de la población en los países más pobres no pueden afrontar la compra de alimentos adicionales. Es por ello que la gran mayoría de los suministros de alimentos básicos deberán provenir de la producción interna de los países en vías de desarrollo que se enfrentan a tasas altas de crecimiento de la población y amenazas crecientes a los ecosistemas agrícolas. (World Resources 2000-2001, People and Ecosystems: The Fraying Web of Life, IFPRI – La gente y los ecosistemas: la desgastada red de la vida, IFPRI).
Por tanto modificaciones estructurales a los sistemas productivos, creándose extensas zonas de monocultivos, aleja las posibilidades de encontrar soluciones a un problema que tiene muchas aristas, más allá de la sola producción.
Argentina uno de los principales productores de Soja transgénica del mundo, con más de 13 millones de hectáreas, enfrenta profundos problemas de hambre, mientras las semillas son exportadas para alimentar al ganado del hemisferio norte y luego sobre nutrir a parte de la población.
El intento de la industria y los gobiernos de buscar un equilibrio entre producir suficientes alimentos y proteger el medio ambiente ha fracasado. Aplicando métodos de agricultura sostenible, tendrán las generaciones futuras la oportunidad de ejercer su derecho a alimentarse. Son los agricultores quienes se preguntan ahora qué dirección deberán tomar en medio de la degradación permanente de las tierras para cultivo, el aumento de la incidencia de enfermedades de ganado y cultivo y la incertidumbre de sus perspectivas económicas.
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