La lucha en el Parque Gezi es una histórica defensa de la democracia

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Prensa - 20 junio, 2013
Rex Weyler fue director de la Fundación Greenpeace, y editor de la primera publicación de la organización, además de co-fundador de Greenpeace Internacional en 1970. Deep Green es la columna de Rex, donde reflexiona sobre las raíces del activismo, el ambientalismo, y el pasado, presente y futuro de Greenpeace. Éstas son sus opiniones sobre lo que ocurre actualmente en parque Gezi de Estambul, donde la protesta para impedir la construcción de un shopping y un depósito de armas en un parque público se convirtió en una lucha por una democracia genuina:

“Mira lo que las personas entregan a los otros y encontrarás la cantidad exacta de injusticias y males que le han sido impuestas” – Frederick Douglass, activista por los derechos humanos, ex-esclavo.

Los ciudadanos de Estambul controlan el Parque Gezi, protegiendo uno de los últimos y más valiosos espacios verdes de Estambul y evitando que lo conviertan en un shopping. La protesta, que comenzó como un intento de proteger el parque, se convirtió en una carrera por una genuina democracia en Turquía.

El Primer Ministro, Recep Tayyip, respondió con violencia policial -golpes, gas pimienta, disparos de agua, y gases lacrimógenos -pero no pudo evitar que las protestas se diseminaran por 70 ciudades turcas, lo que no hizo más que mostrar cómo el gobierno de Erdogan persigue a la oposición y censura a la prensa.

Cuando los gobiernos eligen la violencia para dañar a sus propios ciudadanos, el sistema se quiebra frente al pueblo que resiste con coraje. El levantamiento del Parque Gezi se convirtió en un modelo de democracia genuino para el resto del mundo, un nuevo desafío en la batalla para preservar la naturaleza y la democracia.

La reacción exagerada de los gobiernos

Durante el último otoño, el gobierno turco cerró las calles del centro de Estambul, y anunció los planes de construir en el Parque Gezi un shopping y un depósito de armas militares. Cuando
la construcción comenzó en mayo, activistas de Taksim Solidarity bloquearon el paso de las excavadoras. Sırrı Süreyya Önder, un diputado del Partido por la Paz y la Democracia, se unió al bloqueo, invocando su inmunidad parlamentaria.

Erdogan definió a los manifestantes como “extremistas marginales”. El 30 de mayo, la policía arrasó el parque con gases lacrimógenos y camiones hidrantes. Sacaron cerca de mil ciudadanos del parque y quemaron sus carpas y pertenencias.

El hecho llegó a las redes sociales, y cerca de 10.000 personas se acercaron al Parque Gezi. La policía atacó nuevamente, hiriendo a cientos de ciudadanos y a tres periodistas de Reuters,
y de los diarios Hürriyet Daily News y Birgün. Los vecinos comenzaron a recibir en sus hogares a los heridos. Hacia la tarde, 100 mil personas habían re-ocupado el parque. Esa noche, la gente ocupó el histórico puente Bosphorus que une Europa con Asia.

El movimiento llegó hasta Ankara, Izmir, y cerca de 70 ciudades turcas. La policía de Izmir detuvo a 29 personas por tuitear. La Unión de Médicos de Turquía reportó 4.177 heridos durante las protestas, además de dos muertos.

El martes 4 de junio, el diputado oficialista Bülent Arınç pidió disculpas por la violencia policial y se reunió con el líder de la oposición Önder, que definió a las revueltas como “históricas” y anunció que “el proceso de democratización había comenzado”. Al día siguiente, Arınç se reunió con el grupo que había comenzado la manifestación original, Taksim Solidarity, que le entregó sus demandas públicas: cancelar la demolición del parque, liberar a los ciudadanos detenidos, dejar de usar gases lacrimógenos, y permitir una asamblea pública y la libre expresión.

Solidaridad

Sirin Bayran, una mujer que ha trabajado para Greenpeace, me escribió desde Estambul relatando los inspiradores actos de apoyo público: “Un conductor de ómnibus vio un policía y un camión hidrante detrás de él en la calle, dirigiéndose al Parque Gezi. Él detuvo su ómnibus y lo bloqueó. Estamos orgullosos de él, porque, por supuesto, él perdió su trabajo. En la corte de Estambul, los abogados protestaron aplaudiendo. El gobierno arrestó a 75 abogados por aplaudir!”

Bayram describió el trabajo en el parque para conseguir el apoyo de los manifestantes. “Un niño pequeño vino al parque con un poco de arroz que su madre le había cocinado para el almuerzo. Dijo ‘Mis hermanos mayores del parque necesitan esto más que yo’. Luego puso el arroz en la mesa y se fue. Hizo que nuestros ojos se llenaran de lágrimas y nos dio muchas
fuerzas”.

La sede de Greenpeace en Estambul queda en la calle Istiklal, cerca del Parque Gezi. Los oficiales de policía confrontaron a los manifestantes con gas lacrimógeno y camiones hidrantes justo delante de la oficina, que estuvo abierta día y noche, dando abrigo a los manifestantes heridos. Médicos y enfermeros vinieron a ofrecer su asistencia gratuita.

El sábado, 8 de junio los manifestantes fueron testigos de una expresión de solidaridad sin precedentes al ver cómo los aficionados de los equipos de fútbol rivales de Turquía – Fenerbahce, Galatasaray, Besiktas y otros clubes deportivos que tenían prohibido ver partidos juntos debido a la violencia en los estadios- caminaron por Estambul tomados del brazo, con los colores del equipo de cada uno.

La Censura en Turquía

Los ciudadanos de Estambul han ocupado ahora el Parque y la plaza Taksim, donde pasan música y emiten discursos políticos, e insistieron en que éste es el comienzo de una nueva era de democracia verdadera en Turquía. El manifestante de 22 años Yesim Polat le dijo a Al Jazeera: “ El Primer Ministro Erdogan piensa que es un sultán. Piensa que puede hacer lo que quiera”.

Turquía era antaño un modelo de estado moderno y secular que ofrecía libertad religiosa. Erdogan y su conservador Partido de Desarrollo y Justicia (AKP), abogan por una vuelta al estado Islámico. Electo en 2003, Erdogan comenzó a arrestar a los líderes opositores, representantes kurdos, periodistas, y prohibió que las parejas se besaran en público.

Mustafa Akyol, un columnista del diario Hürriyet, le dijo a Al Jazeera que los periodistas son arrestados en el marco de los abusos de la ley antiterrorista turca. “La gran mayoría de los periodistas presos son personas que escribieron cosas positivas sobre el PKK”.

En enero de 2013, la policía arrestó a 11 periodistas que cubrían una reunión de partidos opositores, y sentenció a cinco de ellos a la cárcel, elevando a 75 el número de periodistas presos en Turquía. Antes de los incidentes en el Parque Gezi, la libertad de prensa había sido virtualmente barrida de Turquía.

Los parques y la gente

Del Vondelpark de Amsterdam y el People’s Park en California durante los ´60 a la plaza Wenceslas de Praga y la plazaTiananmen de Beijing en 1989, pasando por la plaza Tahrir de El Cairo en 2011, el acto de proteger los parques públicos ha sido una gran plataforma para la defensa de la democracia alrededor del mundo.

En 1970, un grupo de ciudadanos de Vancouver, Canada - el comité “No hagan olas”, que más tarde se transformaría en Greenpeace- luchó por salvar la entrada de un parque en Vancouver. En esa época, el Hotel Four Seasons había anunciado la construcción de seis torres en la entrada del ícono de Vancouver, un parque de 400 hectáreas llamado Stanley Park, un curso de agua que desemboca en una laguna, donde los cisnes nadaban y las familias pasaban sus tardes.

Dos de los integrantes del grupo No Hagan Olas, los co-fundadores de Greenpeace Rod Marining y Bob Hunter, se reunieron para delinear un plan. Hunter, un columnista, describió su teoría de la “bomba mental”, que sería una estrategia básica de Greenpeace. “La revolución holística no será como la Toma de la Bastilla”, dijo Hunter, “sino como una tormenta en la mente”. Hunter creía que las campañas para cambiar el mundo crearían imágenes que podrían cambiar el pensamiento de la gente. Hoy, eso se llama “meme”, pero en los 70, era una “bomba mental”, una imagen que viajaría gracias a la prensa global y que impactaría en la percepción pública.

En mayo de 1971, durante una suave nevada de primavera,, Marining y sus aliados ocuparon la entrada del parque, pusieron carpas y pusieron carteles llamando al campamento “Parque del All Seasons.” El campamento incluía activistas indígenas, separatistas Québéquois, hippies, y varios fundadores de Greenpeace. Ben Metcalfe, el primer jefe de prensa de Greenpeace, organizó un grupo de ciudadanos para llevar comida y vino a los ocupantes. Viveros en Vancouver donaron plantas. Los manifestantes pusieron césped en los caminos de la construcción y plantaron árboles. La imagen del “All Seasons Park”, con las familias en tiendas de campaña en la nieve, se convirtió en uno de los primeros “mindbombs” de Greenpeace.

La historia llegó a la televisión y a los diarios de Vancouver. Los ocupantes exigieron un referéndum, y los ciudadanos de Vancouver votaron 56% a favor de mantener la entrada del parque, pero la ordenanza requería el 60% de aprobación. El enfrentamiento se prolongó hasta que el acaudalado padre de un manifestante ofreció comprar la propiedad por $ 4 millones.
La entrada al parque Stanley se salvó, y sigue siendo una parte de Vancouver y un legado de Greenpeace hasta hoy.

 

El Parque Gezi y el mundo

Hoy, el Parque Gezi es una suerte de bomba mental para el mundo. La protesta en el parque se convirtió en un debate sobre la democracia. “Estamos aquí por nuestra libertad”, le dijo a Al Jazeera Nihan Dinc, un publicista de 26 años. “Estamos aquí luchando por nuestro espacio para respirar”.

El periodista Pepi Escobar explica en una columna del diario Asia Times por qué el Parque Gezi es significativo más allá de Turquía. Escobar describe la Revolución Siria como una “guerra de poder” entre la OTAN y la nueva alianza entre Rusia y China. Turquía se encuentra en un punto estratégico entre Europa y Asia, donde la OTAN y las compañías petroleras occidentales quieren un oleoducto desde los Emiratos Árabes Unidos, a través de Arabia Saudita, Siria y Turquía, en Europa. Escobar explica que la OTAN y los EE.UU. quieren que Turquía apoye sus esfuerzos militares en Siria para ganar la batalla por la red de tuberías. Sin embargo, “Turquía se ha sumido en la vorágine por derribar a los dictadores”, dice Escobar, “y lo último que un Erdogan asediado estará pensando es en capacitar a un grupo de perdedores ‘rebeldes’.”

Pero el Parque Gezi es importante por otra razón: los habitantes de Estambul han demostrado al mundo que los ciudadanos pueden hacer frente a la violencia militar y policial con la solidaridad pacífica.

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