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El día de la madre recién pasado se viralizó un video que daba cuenta de las 42 frases típicas de las madres. La elección de esas “frases comunes” es precisa y logra provocar esa mezcla de nostalgia y alegría que sólo el paso del tiempo puede lograr, ya que cuando tu mamá te las decía, no causaban precisamente risa. En lo particular, me hizo recordar ciertos consejos que mi vieja, con tanto ahínco, me trataba de inculcar y uno de esos era: “¡No Prejuzgues!” el cual me lo decía con esa dulce voz aguda, que sólo las madres logran y que, a veces, iba acompañado de un cariñoso tirón de orejas. Bueno, todo ese amor de madre logró surtir efecto y desde niño he tratado de no prejuzgar. La tarea no es simple pero es posible.

Por lo general utilizamos los prejuicios, a través de opiniones o acciones, como actos de defensa ante situaciones o personas desconocidas y que conllevan una connotación negativa sobre ellos. Pero también pueden darse en la toma de decisiones, las cuales deben decidirse  basadas sobre interpretación de situaciones sin mayores antecedentes que conllevan un alto riesgo, pero siempre he creído que si hay que equivocarse, que sea por el mal menor.

Creo no equivocarme al decir - y sin animo de prejuzgar - que la mayoría estará de acuerdo con lo expuesto en el párrafo anterior, entonces, ¿Qué lleva a que un Ministro de Salud por un lado y ante una situación declare que “Si el camino es cerrar la planta, yo no tengo prejuicio” y acto seguido cumpla con lo dicho (caso productora de cerdos en Freirina) y por otro lado y frente a antecedentes igualmente contundentes no actúe con la misma fuerza?, como fue - y sigue siendo - la dramática situación de intoxicaciones que viven las comunidades de Puchuncaví y Quintero.

De esas declaraciones y acciones no me queda más que interpretar - no prejuzgar - que entonces sí tienen prejuicios sobre el cierre de industrias en la zona de Ventanas, ¿Cuáles serán? Sólo él los sabe. Al mismo tiempo, sus actos me llevan a elucubrar que las empresas en Ventanas tendrán más santos en la corte que el Señor Vial (dueño de Agrosuper) o será que Codelco y las carboneras de AES Gener no son sancionadas porque, aunque provoquen intoxicaciones, “cumple las normas” o habrá sido que la persistente pestilencia a caca fue más fuerte que las periódicas nubes tóxicas de dióxido de azufre que enferman a niños en la Esuela de la Greda (Oh Wait!). Este caso sí se solucionó, y en vez de cerrar las industrias se cambió de lugar 2 kilómetros, ¡La Escuela... ahh! Ahora entiendo cambiar Freirina unos Kilómetros no era rentable socialmente.

Este mismo Ministro – y sus prejuicios -  No hicieron efectivo en noviembre 2011, un decreto de cierre de las industrias en Ventanas y a causa de esto han seguido ocurriendo episodios de intoxicación y emanaciones muy superiores a los recomendados por la OMS.

¿Creerá el Ministro que el reconocer que fue un error confiar en las empresas del sector de Puchuncaví, y no hacer nada, es suficiente?

¿Qué es lo que hace posible que a un Ministro de Salud no le trepide la mano para firmar un decreto de alerta sanitaria y de cierre de una empresa que genera contaminación, pero que, afortunadamente, no afectó gravemente a los habitantes de la zona y al contrario en otro caso, aún más grave y con mayores antecedentes, esa misma mano le tiemble para estampar su rubrica en un decreto de similares características? No será que - y sí, estoy prejuzgando - el Señor Ministro padecerá del Síndrome del "Doctor Strangelove" y su mano tome de decisiones por su cuenta. Sólo él lo sabe.

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