Hoy nuestros pensamientos están con la gente de Japón, nuestras condolencias con aquellos quienes perdieron sus seres queridos y nuestra admiración con aquellos que con valentía participan en la reconstrucción de sus vidas y comunidades, a un año del trágico terremoto y tsunami. Les deseamos que sigan teniendo fuerza.

Recordando las terribles consecuencias de las fuerzas de la naturaleza que provocaron el terremoto y tsunami, también es importante no permitir que la crisis nuclear que acompañó a esta catástrofe sea mostrada como una consecuencia de las fuerzas naturales. ¡Ha sido responsabilidad del hombre!

Las vidas de cientos de miles de personas siguen sin poder volver a la normalidad a un año de estos tristes eventos. Más de 150.000 aún tienen sus vidas interrumpidas. Tuvieron que huir de las zonas contaminadas y algunos nunca podrán volver a casa. Muchos otros, incluidos mujeres y niños, siguen viviendo en zonas altamente contaminadas, expuestos a niveles de radiación mucho más altos que los límites internacionales seguros.

Las familias han sido divididas, han perdido sus empleos y no pueden encontrar otros nuevos. No sólo han perdido sus hogares, también sus comunidades. Los padres viven con el constante temor de lo que ocurra con sus hijos. ¿Sufrirán los efectos en su salud a largo plazo, como el cáncer?

El desastre nuclear de Fukushima nos recuerda que los reactores nucleares son intrínsecamente peligrosos.

En su raíz, el desastre nuclear de Fukushima fue provocado por el hombre. Una de las principales lecciones de esta catástrofe es el fracaso de las instituciones que supuestamente iban a proteger a las personas de tal accidente. Años antes de esta tragedia los riesgos de un terremoto y/o tsunami eran bien conocidos por todos. Sin embargo la industria nuclear optó por ignorar los peligros. Optaron por correr el riesgo. Estas mismas instituciones siguen sin proporcionar la debida protección y apoyo a las personas que han sido afectadas.

En un informe reciente titulado "Las lecciones de Fukushima", Greenpeace documentó las fallas institucionales en curso. Estas fallas pueden encontrarse de igual manera en todos los países donde se genera la energía nuclear. Inmediatamente después de la catástrofe, los gobiernos estaban más interesados en transmitir confianza en la energía nuclear, que en levantar debates sobre la seguridad pública.

Con más de 400 reactores nucleares operando en todo el mundo, cientos de millones de personas viven en las sombres del riesgo inherente de un desastre nuclear.

No tenemos que vivir con esos riesgos. hay una clara alternativa a la energía nuclear. Tenemos opciones seguras asequibles en energías renovables, y que también nos permiten reducir nuestra huella de carbono a nivel global.

La energía nuclear no es un gigante enfrentado a las pequeñas fuentes de energías renovables. En los últimos 5 años, se construyeron 22 veces más plantas generadoras de energía basadas en viento y sol (230.000MW) que plantas nucleares (10.600 MW). Todas las plantas de energía renovable construidas sólo en el 2011, superan la capacidad de generación de energía de 16 reactores nucleares de gran tamaño. Un sistema de energía moderno, basado en la eficiencia energética y las energías renovables nos permitirá eliminar los reactores nucleares. Greenpeace ha demostrado con su [R]evolución Energética que es posible de realizar.

Siempre habrán desastres naturales y tendremos que vivir y tratar de mitigar sus efectos. Pero cuando se trata de catástrofes provocadas por el hombre en reactores nucleares, la opción es simplemente apagarlos.

¡No más Fukushimas!

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