Hace 30 años, se entregó el sistema eléctrico nacional a la inversión privada, la que, en el caso de generación de energía eléctrica, decide qué tipo de generación utilizará y donde se instalará la Central. Al mismo tiempo, el proceso para que estos proyectos cumplan con la normativa que “protege” el medio ambiente es un mero trámite: la verdad es que está diseñado para que, en el mejor de los casos,  los contaminadores sólo tengan que mitigar y compensar los impactos que ocasionarían.

El sistema no dice que no, aunque el proyecto provoque graves daños al medio ambiente.

Es por esta razón que muchas veces nos encontramos (y enfrentamos) con proyectos nefastos, los cuales no prosperarían si primara el sentido común y la justicia social antes que el beneficio económico de unos pocos.

¿Una termoeléctrica a carbón en las playas casi vírgenes de Atacama? ¡Estás loco!

Así tiene que haber sido la exclamación más repetida, hace algunos años atrás, por los lugareños- y muchos otros que conocen la zona- de Bahía Salado, al escuchar las especulaciones sobre la intención de realizar una central en ese sector. Evidentemente, pasaron de la incredulidad al más de los espantosos asombros cuando se enteraron de la cruda realidad y más aún, del hecho de que si se instala sería ¡la central más grande de Latinoamérica!

Del otro lado se dirá, por el contrario, que son 2.100 MW de energía barata para Chile y su desarrollo. Así al menos lo vociferarán los predicadores del paradigma eléctrico. Claro, el eco de la frase “energía barata” fue lo que más les resonó a los dueños de las mineras que pretenden seguir explotando los recursos naturales de todos los chilenos, dejando migajas de sus colosales utilidades y además un alto daño ambiental y social producto de sus procesos insustentables.

La Central Termoléctrica Castilla, patrocinada por el multimillonario brasileño (7° más rico del mundo) Eike Batista y por la “energética” más grande de Europa E.ON, no sólo representa a cabalidad lo perverso del sistema eléctrico chileno y revela lo débil -y veces nula- que resulta ser la normativa de protección ambiental. Además evidencia que con el más descarnado lobby se puede lograr que autoridades de Gobierno cometan actos ilegales.

Sumado a lo anterior está el hecho de que el proyecto, con sus seis chimeneas para quemar  carbón, aumentaría en un 20% la emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a nivel nacional, logrando con esto que Chile siga siendo el país -después de China- que más ha incrementado los GEI per cápita en la última década. 

Asimismo, MPX nos dejaría un “cenicero gigante” de 120 hectáreas para depositar sus cenizas y que se emplazaría a sólo 10 kilómetros de Totoral. No esta demás decir que la ubicación de este cenicero sería en una zona donde se desarrolla uno de los fenómenos naturales más bellos del planeta: el desierto florido.

También, como si no fuera suficiente, el agua utilizada en las centrales sería devuelta al mar con 10° C más, lo que dañaría los ecosistemas marinos y en particular afectaría a la población de tortugas marinas más austral del mundo.

Todos queremos un Chile del primer mundo, pero es necesario que todos los habitantes sean parte y disfruten de esos beneficios. No podemos seguir entregando -y a veces regalando- a los capitales privados, que sólo buscan aumentar sus utilidades, el mayor patrimonio que tenemos: nuestros recursos naturales.

Por todas estas razones, hay que decir No a Castilla.