Fotomontaje realizado por activistas de Greenpeace

Ayer me he enterado de la renuncia del cuarto Ministro de Energía del Gobierno del presidente Sebastián Piñera. La confirmación provino de su compañero de partido, Patricio Melero, quien señaló lo obvio; la forma en la que se logró el acuerdo entre los dirigentes de Aysén y el equipo político mas cercano al presidente lo habían dejado fuera y esperando.

Es la gota que rebalsó el vaso, pues las “quitadas de piso” político aunque sutiles se venían repitiendo, nos costó un nuevo ministro en medio como parte de los costos que el ejecutivo está dispuesto a ceder en caso de conflictos sociales. Álvarez se suma a la lista de Lavín y Bulnes y varias otras autoridades. 

Su salida ocurre mientras dos debates se toman los medios para definir el futuro de la energía en Chile. El primero tiene relación con las declaraciones cruzadas que se hicieran desde el Ministerio de Energía, específicamente por el subsecretario Del Campo, respecto de cómo la ilegalidad en los procedimientos que aprobaron la central Castilla (U$4.400 millones, la mayor termoeléctrica a carbón de América Latina) era un “obstáculo” para el desarrollo de inversiones. Eso obviando por cierto los derechos legítimos de todo ciudadano de exigir que en Chile se respete la Ley, y especialmente en el actuar del poder ejecutivo. Recordemos que lo que “falló” en la aprobación de la central fue la calificación favorable que inexplicablemente le diera el entonces Seremi de Salud para agilizar las cosas. 

Por cierto, la calificación ambiental se mantiene a pesar de la expresa solicitud de la corte de removerla. El mensaje pareciera ser que a Castilla no se la toca.

Es en este estado de cosas que los inversionistas de la central han decido escalar su demanda y junto al consejo de defensa del estado han llevado el caso a la corte suprema, máximo exponente del poder judicial, que deberá pronunciarse al respecto. 

El mismísimo ministro Longueira hace pocos días volvió a presionar sobre este tema señalando que la judicialización de proyectos energéticos pone en riesgo las inversiones y por lo tanto nuestro “modelo de desarrollo”.  Por si usted no lo sabía nuestro “modelo de desarrollo”, al igual que el último siglo, sigue siendo favorecer a como de lugar toda inversión minera con una mínima regulación. 

Como nadie quiere que una de las pocas certezas patrias (exportar minerales a buen precio) se vea afectada, el asunto no ha tenido demasiada cobertura y desde la galería uno imagina que estas frases tan bizarras han calmado un poco la preocupación expresada vehementemente por el sector minero respecto de cómo Chile se toma para la chacota sus inversiones poniéndolas en riesgo. Recordemos que el comité de agilización de proyectos (CAI) que fundara Sebastián Piñera con fondos de la presidencia está investigado por la contraloría también. No es primera vez que por correr a hacer las tareas se cometen errores. Errores que lo dejan a uno pensando en qué diablos será el famoso “modelo de desarrollo”. 

El segundo debate, menos conocido, tiene que ver con crear impuestos a la generación de CO2 y gases de efecto invernadero a las centrales termoeléctricas. Esto pues es de público conocimiento que la generación de energía con combustibles sucios no asume los costos reales del proceso. Para decirlo en chileno, “se las lleva peladas”.  Y, no lo dude, también han salido a la palestra diversos lobbistas que en los medios de cuello y corbata han contra argumentado que semejante medida haría subir los costos y eso –obvio- lo terminarían pagando los consumidores. 

El problema es que con esto del cambio climático los costos los pagamos todos y especialmente aquellos que ni siquiera consumen nuestra electricidad porque no tienen servicio. Miles y miles de desplazados en África por sequías lo confirman. Y, claro, también se transfieren costos a nuestra economía que será castigada por la progresiva carbonización de nuestra matriz de generación.

Usted seguramente estas cosas no las sabía. Ahora que las sabe, ¿Me acompaña en preguntarse en qué parte de todo esto se volvió buena idea que el asiento del ministerio de energía se volviera una silla eléctrica?

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