Este viernes 20 de enero, las comisiones de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados y del Senado han viajado a Isla Riesco para sesionar en terreno. Gracias a esta visita, y en forma dramática, nos hemos enterado que en el caso de la Minera nada de lo que prometió, ni con el medio ambiente ni con los trabajadores, se está cumpliendo.

Han pasado algunos meses desde que la institucionalidad desoyó la evidencia y aprobó el polémico proyecto. Cuando aquello sucedió, la compañía comprometió una serie de medidas mitigadoras, pero el paso de los meses ha demostrado que su tendencia es incumplir y, con ello, dañar gravemente y afectar el medio ambiente, a los lugareños y a los trabajadores.

Minera Isla Riesco prometió una operación que trabajaría impecablemente. Pero en lo medioambiental y en lo social, la situación se ha vuelto desastrosa.

Hoy, es la construcción del puerto la que muestra severos daños al ecosistema y a la dignidad de los trabajadores. Lo curioso es que el puerto es realizado por una segunda empresa y el campamento, por una tercera.

Como sea, lo que ocurre demuestra que teníamos razón: es ridículo que la mina y el puerto hayan sido evaluados por separado, puesto que es evidente que corresponden al mismo proyecto. Esto trae sin duda graves cuestionamientos al proceso de evaluación, además de permitirle a la autoridad desligarse y tratar el tema por partes y con interlocutores distintos.

Se tiene a más de 300 trabajadores construyendo un puerto, a pesar de que el campamento donde iban a vivir... ¡no está terminado! La situación es apremiante: hacinamiento, colapso de la planta de aguas servidas, insalubridad de un casino que funciona sin estar terminado y que este jueves 19 de enero causó la intoxicación a 12 trabajadores.

Por si fuera poco, no han cumplido con el pago de las remuneraciones y los trabajadores temen que la precariedad en las medidas de seguridad dé origen a una tragedia.

Estos nuevos antecedentes sobre abusos laborales permiten agudizar las sospechas de que el negocio desarrollado por esta empresa no ayuda a la calidad de vida de los habitantes de la región ni, tampoco, da prosperidad a la zona.

Un componente adicional: prometieron empleo a los magallánicos, pero la mayoría de los trabajadores que construyen el puerto vienen de otras regiones, ¿qué pasó con el aporte a la región?

En lo medioambiental, los efectos de este proyecto han mostrado su potencial devastador en apenas algunos meses.

Garantizaron a la comunidad el riego de los caminos de tierra, en una zona donde las ráfagas de viento son muy intensas y donde el incesante tránsito de camiones removería el suelo. Esto no sucedió. Hoy, el movimiento de polvillo ha afectado gravemente a los habitantes, a sus animales y a las viviendas.

La zona marina se caracterizaba por ser un verdadero santuario de cetáceos. Por poner sólo un ejemplo, habitualmente podían avistarse cuatro especies de delfines, pero una de ellas, el delfín austral, simplemente dejó de aparecer desde que empezó la construcción del puerto.

El actuar de la minera también ha afectado a la especie de zorro más grande que existe en el país, el Culpeo. Esta especie, al ver que la construcción del puerto se realiza en el que era su hábitat, se ha trasladado masivamente a las zonas habitadas, ubicándose hoy muy cerca de los lugareños y produciendo una masiva mortandad de sus animales.

A estos daños hay que agregar la contaminación acústica denunciada por los habitantes de la zona y el tránsito de camiones hasta la medianoche, a pesar de que el compromiso es que los desplazamientos se detendrían a las 20 horas.

Emplazamos a Minera Isla Riesco a no engañar la fe pública y al Estado a cumplir con su obligación fiscalizadora.

De todos modos, lo sucedido nos da la razón: la venia ambiental del Ejecutivo a Isla Riesco fue un grave error y, por ello, seguiremos dando la pelea en los tribunales de justicia. Hasta detenerlo.

¡Hazte socio de Greenpeace hoy mismo!