No queremos Hidroaysén. Chile no lo quiere. Nos dicen que lo necesitamos pero no es cierto. El proceso para poner en operación las centrales, incluso con la cuestionada aprobación, aún no inicia. La razón es simple: un mismo proyecto se presentó en dos partes. Primero las 5 represas que afectarán los ríos y los derechos de agua de Aysén. Luego el tendido eléctrico cuyos nefastos y absurdos detalles recién conocemos desde ayer y que -nos “avisan”- recorrerán casi 2000 kilómetros pasando por encima de lo que se les cruce, afectando decenas de áreas protegidas.

¿Cómo no indignarse con una empresa que por la prensa nos notifica que comunicará sus planes a comunidades mal informadas, relegadas y excluidas del proceso de aprobación de la represa misma para obtener su beneplácito en un par de semanas, así a la carrera?

El proyecto Hidroaysén no ha iniciado su construcción por estas razones: sin cable no hay negocio. Y sin negocio, no hay inversión. Como esto tomará tiempo es un secreto a voces que el proyecto no estará en funcionamiento hasta muchos años más. Por lo mismo no reemplazará la necesidad hoy de más energía, y tampoco suplantará las decenas de plantas termoeléctricas a carbón contra las que ya estamos batallando en Chile y el mundo para detener el cambio climático. Hoy tenemos dos problemas, y, junto con ellos, un Gobierno que insiste en no comprometerse de lleno en resolverlas, en contraposición al masivo clamor popular por cambios en la forma de generar energía que hoy usamos.

Ya se ha hecho frecuente escuchar múltiples descalificaciones hacia quienes consciente y responsablemente nos hemos opuesto a lo que será un crimen contra nuestro patrimonio patagónico. Que nos oponemos a todo. Y, sin embargo, la sociedad civil ha dado señales de apertura, con la construcción de propuestas concretas y viables que marcan con absoluta claridad que hay alternativas y que para apoyarlas se requiere que el Gobierno y el Poder Legislativo se pongan a trabajar con urgencia en reformas profundas en favor de todos. Puedes leer nuestras propuestas desde nuestro sitio web.

Incluso con el tendido presentado en marzo, tal como ha anunciado la empresa, queda Hidroaysén para rato. La aprobación obtenida en mayo y que evidenció una profunda crisis política y social larvada en Chile ha sido cuestionada y hoy enfrenta un complejo escenario legal. Hoy, procesos judiciales diversos buscan aclarar la legalidad de las modificaciones de última hora que permitieron la luz verde ambiental en diversas instituciones públicas. De demostrarse irregularidades será un “vuelva a la partida” o un “pierde una jugada en la cárcel” para los responsables. Y sin duda, aún queda esperar la resolución de la Corte Suprema para dirimir que ocurrirá con toda la aprobación. La “justicia suprema” que hoy muchos ya comienzan a exigir apela a que la máxima entidad legal del país, y que tiene atribuciones amplias para mirar la transversalidad de las incoherencias e irregularidades, realmente vele por el bien común.

 
Hoy Chile se puede evitar otro desastre como el de Ralco. Hidroaysén será peor y lo habremos visto venir. Tenemos que cambiar las reglas del juego y hacer notar nuestra voz. Con paz pero con fuerza. El futuro de Chile está en manos de autoridades, no de empresarios. El futuro de nuestra energía, y por lo tanto de nuestro desarrollo y la equidad que ganemos –al fin- con él. Es el momento de levantar nuevamente la voz para que se escuche fuerte:

Patagonia Sin Represas, queremos un Chile Limpio y para todos.

Sigamos trabajando juntos por defender la Patagonia. ¡Hazte socio de Greenpeace hoy mismo!