Nuestras victorias

Página - 15 septiembre, 2011
En cuatro décadas de existencia, Greenpeace ha trabajado intensamente para proteger el planeta. En esta sección te presentamos algunos de los más significativos logros que nuestra organización ha tenido y cuya repercusión ha sido global. No son los únicos, pero sí dan una idea muy clara de cómo trabajamos.

Para continuar siendo una organización con resultados y logros es fundamental que te unas a Greenpeace. Tus aporte como socio, voluntario o ciberactivista son fundamentales para enfrentar los enormes desafíos que tenemos en este siglo XXI.

1974: Fin a los ensayos nucleares en el Pacífico


La amenaza

En los años sesenta, el gobierno francés trasladó su programa de ensayos nucleares a una región del Pacífico Sur, donde comenzó a explotar dispositivos nucleares sobre plataformas de altura, sin considerar la devastación ambiental que esto implicaría. Para 1972, Francia anunciaba sus planes para tomar posesión de una zona amplia de aguas internacionales, lo que le permitiría avanzar en su programa.

El espíritu Greenpeace

Greenpeace aún no tenía ni la preparación ni la coordinación estratégica que tiene hoy.
Sin embargo, este caso es un ejemplo perfecto del espíritu y alcance internacional de la organización actual. En 1972, David McTaggart, un canadiense que vivía en Nueva Zelanda, leyó en un periódico sobre los ensayos franceses y que una organización llamada Greenpeace estaba en búsqueda de una embarcación y una persona que entrase a la zona como forma de protesta.

Mctaggart renombró su velero como “Greenpeace III” y se embarcó hacia allá. El canadiense se adentró en la zona, desafiando la posición de prohibición de entrada por parte del gobierno francés, lo que resultó en un cese de operaciones del programa. Eventualmente una embarcación de la marina francesa destruyó el velero de Mctaggart en un vergonzoso desenlace.

No desistir

El fracaso no fue suficiente para desanimar a la organización. Mctaggart reparó su velero y regresó al año siguiente, donde fue golpeado físicamente por militares franceses, quienes negaron las acusaciones argumentando que la embarcación de McTaggart ni siquiera se encontraba dentro del área de ensayo. Sin embargo, uno de los tripulantes de Mctaggart había tomado fotografías durante el suceso, lo que permitió a la organización exponer la mentira del gobierno francés ante el mundo. La divulgación de estas fotografías atrajo una fuerte crítica hacia el programa nuclear.

Fin de los ensayos

Tras el incidente, McTaggart comenzó lo que sería un largo litigio contra los franceses. En 1974 ganó parte del caso, al persuadir a las cortes francesas de oponerse a su gobierno. El mismo año, Francia anunciaría el fin del programa de ensayo nuclear, lo que marcó la desaparición de pruebas atmosféricas en todo el Océano Pacífico.

1982: Moratoria pone freno a la caza de ballenas

 

Luego de 10 años de campaña, las fotografías tomadas por activistas de Greenpeace impactaron a la comunidad internacional, que pidió a la Comisión Ballenera Internacional (CBI) poner un alto a la caza comercial.

La amenaza

Para 1970, el número de ballenas azules había descendido a menos de 6 mil ejemplares. Las ballenas jorobadas también se encontraban en declive y la población de ballenas grises había descendido 50 por ciento. Una de las especies más espectaculares del mundo estaba siendo aniquilada por navíos eficientes y arpones de punta explosiva.

El espíritu Greenpeace

A poco tiempo de haber comenzado sus operaciones, Greenpeace lanzó su campaña en contra de la caza de ballenas. En 1973, nuestros activistas comenzaron a enfrentar a los cazadores en alta mar. En lanchas de hule, comenzaron a interponerse entre los arpones y las ballenas. Por primera vez, las imágenes de caza de ballenas llegaban al público internacional por medio de la televisión. La imagen de un cachalote atravesado por un arpón y colgado sobre la proa de un imponente buque de acero se difundió en todo el mundo. Esta nueva realidad provocó la oposición del público hacia los cazadores.

Apoyo público

Mientras continuaba la pelea en alta mar, Greenpeace buscaba el apoyo del público alrededor del mundo, repartiendo folletos y juntando peticiones para demandar a sus gobiernos que aplicaran presión internacional. El primer resultado sucedió en 1979, cuando la CBI creó el Santuario de Ballenas del Océano Índico, como medida de protección en las áreas de reproducción y alumbramiento de estos cetáceos. En1982, finalmente la CBI arrojó los resultados que se buscaban: una moratoria sobre la caza comercial. Tras una década de acción, las poblaciones de ballenas afectadas podrían recuperarse.

La campaña continúa

Hoy en día, algunos países del mundo, entre ellos Japón, Irlanda y Noruega, continúan ignorando la moratoria. Por su parte, Greenpeace continúa realizando campañas para acabar con toda las formas de comercialización de las ballenas. En 2010, dos activistas de la organización conocidos como “Los dos de Tokyo” o "Tokyo2" fueron sentenciados tras exponer un escándalo sobre el tráfico de carne de ballena en Japón. El caso despertó una serie de interrogantes entre la opinión pública japonesa respecto al programa de caza "científica" de ballenas de Japón y ha ayudado a construir apoyo público para poner fin a la caza sin sentido.

1991: Protección para la Antártida

 

Los países coinciden en un avanzado convenio para proteger a la Antártida de la explotación mineral. Este pacto fue el tema central de una campaña de más de siete años por parte de Greenpeace y limita las actividades en el continente antártico únicamente para fines científicos y pacíficos.

La amenaza

La Antártida es un lugar único en el mundo moderno: este continente se ha mantenido relativamente al margen de la interferencia humana y es, sin duda, el lugar más virgen de la Tierra. Sin embargo, en la década de 1980, la amenaza de la explotación comercial de este delicado ecosistema cobró mucha importancia al encontrarse depósitos minerales y de petróleo debajo del hielo y la roca, lo que interesó a un gran número de empresas y países.

El espíritu Greenpeace

Las probabilidades de éxito eran casi nulas. Sin embargo, la campaña para la Antártida se convirtió rápidamente en un ejemplo de perseverancia, de sólidos fundamentos científicos, acción efectiva y presión política. En 1979, Greenpeace sugirió la recolección de recursos para convertir al continente antártico en una reserva internacional. Para hacerlo sería necesario establecer un campamento base en la región, lo que justificaría la participación de la organización dentro del tratado; el asentamiento permitiría a Greenpeace tener argumentos para denominar al área como territorio común, territorio de nadie.

Campamento en la reserva

En 1987, tras la llegada de la embarcación MV de Greenpeace al Antártico, el campamento permanente comenzó a operar. La organización permaneció en la región hasta 1991, documentando y exponiendo escándalos sobre otros dos campamentos de la región, pertenecientes a Estados Unidos y Nueva Zelanda. Uno de los casos más notables fue aquel donde los explosivos utilizados para un trabajo de construcción amenazaban el hábitat de un grupo de pingüinos. El profesionalismo mostrado por Greenpeace durante esta operación le ganó el respeto de las demás naciones involucradas en el tratado de la Antártica.

Nada es imposible


Durante los siete años de campaña, Greenpeace pasó de ser un desconocido a uno de los jugadores clave en las negociaciones para el futuro del continente antártico. De forma global, las oficinas de Greenpeace demandaron a sus gobiernos locales tomar una decisión responsable respecto al tratado, involucrando la ayuda de personalidades influyentes como Jacques Cousteau, Ted Turner y el príncipe Sadruddin Aga Khan. Las demostraciones de Greenpeace fueron habituales a lo largo del periodo de negociaciones; aseguraban a los políticos que hacer lo correcto traería grandes recompensas, y así fue. De esta forma, la Antártica se convirtió en un símbolo poderoso de responsabilidad ambiental y cooperación internacional, además de confirmar lo que para la organización era una vieja certidumbre: nada es imposible.

1993: Se prohíbe el desecho de material radioactivo en los océanos

 

Después de una campaña que comenzó en 1978, se firma el Tratado de Deshechos de Londres (LDC, en ingles) que prohíbe de manera permanente y global el derrame de desechos radioactivos e industriales en los océanos del mundo.

La amenaza

Los residuos que se producen en todas las etapas del ciclo del combustible nuclear siguen siendo peligrosos durante cientos de miles de años. Sin embargo, cada año, millones de litros de residuos radiactivos eran descargados en el mar - ya sea de manera rutinaria desde las plantas de reprocesamiento de las instalaciones nucleares, o desde los buques al mar. Esta práctica representaba una gran amenaza para el medio ambiente y un riesgo potencial para la salud a millones de ciudadanos.

El espíritu Greenpeace

En 1978, Greenpeace comenzó su campaña contra el derrame de desechos radioactivos al océano. A través de acciones pacificas, investigación fundamentada y cabildeo político, la organización busco convencer durante años a las corporaciones y gobiernos de tomar otra posición respecto a los ecosistemas marinos. El clímax de este trabajo ocurrió cuando la organización captó en video a una embarcación rusa que vertía desechos líquidos directamente al mar de Japón en 1993. Sin embargo, esta no era la primera vez que Greenpeace advertía al público sobre la situación. En muchas otras ocasiones había avisado sobre el vertido de material radioactivo desde submarinos y rompehielos, un hecho que podía tener implicaciones desastrosas.

La evidencia y consecuencias

Ahora, el mundo podía ver lo que estaba sucediendo, mientras el equipo de Greenpeace enviaba el material a los medios internacionales de manera instantánea. La atención mediática que consiguió la organización tuvo severas consecuencias: Japón, Estados Unidos y muchos otros países estaban furiosos con Rusia y demandaron un alto inmediato. Eventualmente, Rusia tuvo que hacer caso a las demandas y el gobierno del presidente Boris Yeltsin finalmente aceptó suspender el derrame.

El Tratado de deshechos de Londres (LDC)


Después del incidente, los países del mundo se juntaron para crear el Tratado de Deshechos. El documento, una actualización del existente Tratado de Londres, fue aceptado por 37 países y prohibió de forma global la práctica de desecho de sustancias radioactivas, conformándose como una herramienta nueva para la campaña por los océanos del mundo.

1995: Shell da marcha atrás en su decisión de hundir en el mar la plataforma Brent Spar

 

Gracias a una acción de alto impacto de Greenpeace y a la presión popular, la compañía petrolera y gasera global Shell dio marcha atrás en su decisión de hundir la plataforma Brent Spar en el Océano Atlántico.

La amenaza

Cuando Shell decidió en los 90 que ya no necesitaba la Brent Spar –una plataforma de 14 mil 500 toneladas que operaba en el Mar del Norte–, la compañía solicitó al gobierno británico permiso para hundir toda la instalación en el Atlántico. El gobierno no tuvo objeción y anunció su total apoyo.

El estilo Greenpeace

Greenpeace decidió tomar medidas como parte de su extensa campaña contra el depósito de basura en el océano. El 30 de abril de 1995, un grupo de activistas ocupó la Brent Spar. En las tensas y tumultuosas semanas que siguieron, Greenpeace se vio enfrentada con las fuerzas combinadas del gobierno británico y la entonces más grande petrolera del mundo. La difusión de dramáticas imágenes de activistas siendo atacados con cañones de agua y de equipos de auxilio transportados en helicóptero hizo que la disputa llegara a una audiencia masiva. Protestas espontáneas a favor de Greenpeace y contra Shell estallaron en Europa. Las ventas en algunas estaciones de Shell en Alemania se desplomaron hasta 50 por ciento. Al final, la presión popular fue demasiada para Shell: en un dramático triunfo para Greenpeace y el medio ambiente oceánico, la compañía dio marcha atrás en su decisión y aceptó desmantelar la plataforma en tierra y reciclarla.

El océano no es un basurero


Greenpeace actuó contra Shell bajo un principio sencillo: el océano no es un basurero. Esto es parte de una campaña activa desde los 70. A través de los años, la organización se ha enfrentado con la industria y los gobiernos, retándolos a adoptar una actitud más responsable hacia el medio ambiente oceánico. Hubo algunos éxitos: los esfuerzos para acabar con la práctica de tirar ahí desechos radioactivos e industriales culminaron en 1993 con una prohibición global a las mismas.

Impacto ambiental acumulado


La campaña Brent Spar sentó un precedente para que la industria petrolera y gasera exploradora tuviera una actitud más abierta y responsable para deshacerse de sus plataformas obsoletas. Antes de que Greenpeace actuara contra Shell, muchas empresas planeaban depositar en el mar sus instalaciones obsoletas, tales como depósitos de petróleo y pozos de perforación. La acción de Greenpeace y el apoyo popular en Europa, aseguró que, hasta hoy, estas estructuras no sean desechadas en el mar.

1997: Pioneros de Greenpeace presentan la tecnología Greenfreeze

 

Greenpeace fue pionera en la introducción de una tecnología de refrigeración que no afecta la capa de ozono y no destruye el clima, y el mundo la adoptó.

La amenaza

Hasta el inicio de los 90, casi todos los refrigeradores domésticos usaban como refrigerantes unos químicos que destruían la capa de ozono. Cuando se descubrió un agujero en la capa de Ozono de la Tierra, estos químicos –conocidos como CFCs– se prohibieron. Desafortunadamente, las alternativas que se adaptaron entonces –HFCs–, eran menos dañinas para la capa de ozono, pero tenían otros efectos negativos. Se trata de poderosos gases de efecto invernadero que contribuyen masivamente al cambio climático.

El estilo Greenpeace

Greenpeace decidió que tenía que haber una alternativa y comenzó a buscar. En 1992 encontró un instituto médico en Dortmund, Alemania, que había descubierto una mezcla apropiada de butano y propano que no destruía la capa de ozono ni afectaba el clima. De inmediato, Greenpeace se dio a la tarea de encontrar un socio industrial. DKK, una empresa que tenía 50 años produciendo refrigeradores y era líder en la fabricación de electrodomésticos en la antigua Alemania Oriental, estaba dispuesta a asumir el riesgo financiero y comenzó a construir un prototipo. Así nació Greenfreeze. La industria aseguró que no había mercado para este producto, por lo que la organización se dirigió directamente al público: en semanas, 70 mil personas lo habían ordenado. En 1993 y desde las líneas de producción en Alemania salió el primer refrigerador Greenfreeze.

El premio Ozono UNEP de las Naciones Unidas

La industria cambió rápidamente y hasta se sumó a la campaña de Greenpeace para diseminar esta tecnología. Hoy se producen alrededor del mundo 35 millones de refrigeradores con la tecnología Greenfreeze, aproximadamente un tercio de todos los que se fabrican anualmente. La tecnología introducida por la organización es utilizada por los principales fabricantes europeos, chinos, japoneses e indios. Grandes compañías europeas, como Siemens, Liebherr y Miele distribuyen Greenfreeze. Hasta ahora, la tecnología le ha evitado a la Tierra la emisión de 450 millones de toneladas de CO2 –más que las emisiones combinadas de Holanda, Austria y Grecia. Grandes usuarios de la industria, como Coca-Cola, McDonald’s y Unilever, han cambiado a tecnologías libres de HFC. En 1997 Greenpeace recibió el premio Ozono UNEP de Naciones Unidas por el desarrollo de Greenfreeze.

El siguiente gran paso

Greenfreeze era parte de una campaña mucho más amplia sobre Gases-F en la que Greenpeace había trabajado por 20 años. La campaña, que incluía esfuerzos para presentar el tema al público con un llamativo video, catalizó un innovador compromiso, cuando en 2010 las 400 compañías que integran el Foro de Bienes de Consumo (Consumer World Forum) de Estados Unidos, aceptaron adoptar métodos de refrigeración amigables para el clima en 2015. En ese año se concretará el siguiente gran paso de la campaña: SolarChill, otra tecnología desarrollada por Greenpeace, llevará los beneficios de la refrigeración a gente que no cuenta con fuentes confiables de electricidad, lo que permitirá, por ejemplo, el almacenamiento de vacunas. Desarrollada en cooperación con la Organización Mundial de Salud (OMS), Unicef y otros, SolarChill aspira a demostrar, así como lo hizo Greenfreeze en su momento, el triunfo del “se puede hacer” sobre el “no se puede hacer”.

 

2004: Las compañías tecnológicas comienzan a abandonar los tóxicos

 

Con acciones directas no violentas, campañas públicas y cooperación cuando es posible, Greenpeace presiona a las grandes corporaciones electrónicas para sustituir los compuestos tóxicos.

La amenaza

El creciente aumento mundial del consumo de bienes electrónicos ha provocado una peligrosa explosión en la generación de basura que contiene químicos tóxicos que no pueden desecharse o reciclarse de manera segura. Cada año, cientos de miles de computadoras y teléfonos móviles viejos son depositados en basureros o incinerados. Miles más se exportan, con frecuencia y de manera ilegal, de países industrializados a Asia y África donde trabajadores de basureros, muchos de ellos niños, son expuestos a un coctel de químicos tóxicos y venenos.

El estilo Greenpeace

Greenpeace lo vio de la siguiente manera: los tóxicos en aparatos electrónicos amenazan la salud humana y el ambiente. Las corporaciones que se benefician fabricando y vendiendo estos bienes deben enfrentar sus responsabilidades reciclándolos; más aún, haciendo que desde su elaboración sean más limpios. Con esas demandas en mente, en 2004 Greenpeace lanzó su campaña para catalizar un cambio fundamental en la manera en que se diseñan, producen y reciclan los aparatos electrónicos. Los primeros resultados pronto se hicieron evidentes. Exhibidos, Samsung y Nokia anunciaron que eliminarían los químicos peligrosos de sus productos. Un año más tarde, Sony Ericsson, Motorola y LG siguieron el ejemplo. En 2006, Hewlett Packard y Dell adoptaron sus propios planes de eliminación.

La guía de Greenpeace para electrónicos más verdes

Greenpeace sabía, sin embargo, que estas promesas tenían que ser monitoreadas mientras se mantenía la presión. En 2006, nació la herramienta más eficiente de la campaña: la Guía de Greenpeace para Electrónicos más Verdes –una guía para una industria altamente competitiva, que compara a unas compañías con otras, en términos de eliminación de tóxicos y esfuerzos de reciclaje. El otro componente importante de este esfuerzo era “el poder de la gente”, el cual fue más evidente con la campaña Green My Apple de 2006, que la transformó de una compañía atrasada a líder en la eliminación de tóxicos. Un sitio web diseñado como el de Apple (que más tarde ganó un premio Webby) se convirtió en la base para que los fans de esa compañía en todo el mundo donaran su tiempo, creatividad, blogs, banners, anuncios y diseños de playeras diciendo a Apple: “Amamos nuestras Macs. Sólo que nos gustaría que fueran más verdes”. Poco tiempo después el CEO de Apple, Steve Jobs, anunció un cambio de política, llamándolo “Una Apple más verde”.

Consulta sobre productos electrónicos verdes


Si las empresas se atrasaban en sus compromisos, Greenpeace usaba acción directa no violenta para hacérselos notar. En 2006, Dell se comprometió a eliminar el plástico PVC y los retardadores de fuego bromados de todos sus productos para 2009. Pero a mediados de 2010 Dell todavía tenía que cumplir con la fecha límite original y fijar una nueva no era opción. Los activistas de Greenpeace se presentaron en las sedes de Dell en Amsterdam, Copenhague, Bangalore y Austin, mientras que más de 40 mil activistas de todo el mundo le enviaron correos electrónicos a la compañía. Cuando la industria realiza progresos, sin embargo, Greenpeace ha estado dispuesta a cooperar. El año pasado, se invitó a compañías a mostrar lo mejor que tenían en una Consulta de Productos Electrónicos Verdes.  Subrayando todo esto, está el trabajo de cabildeo de la campaña para fortalecer la regulación para químicos, que sigue siendo débil e inadecuada. Estos esfuerzos combinados han puesto a la industria en el camino firme hacia un futuro libre de tóxicos.

2006: Salvado de la destrucción, el Bosque del Gran Oso

 

Diez años de trabajo difícil, peligroso y a veces descorazonador permiten alcanzar un acuerdo que pone un tercio del Bosque del Gran Oso bajo completa protección y obliga a las compañías taladoras a seguir en el resto del mismo un estricto sistema de manejo del ecosistema.

La amenaza

Es uno de los pocos bosques templados que quedan en el mundo. Aquí viven los osos grizzly, los raros osos blancos spirit y el salmón salvaje, así como cedros de mil años y milenarios helechos. Es uno de los bosques más hermosos de Canadá. Sin embargo, para aquellos que lo tenían a su cargo, el Bosque del Gran Oso no era más que “el área 33 de suministro de madera”, con millones de hectáreas de bosques milenarios marcados para ser derribados.

El estilo Greenpeace

Las líneas de batalla se fijaron en 1997, cuando los ambientalistas acuñaron el nombre Bosque del Gran Oso y Greenpeace señaló a las cinco grandes empresas que hacían 80 por ciento del daño como “destructores del bosque”. Siguieron diez años de campaña. Miles de activistas de todo el mundo presionaron: algunos enviaron correos electrónicos, otros participaron en bloqueos, otros más votaron con su cartera contra la destrucción de los bosques. Algunos fueron golpeados, a otros los arrestaron. Con el paso del tiempo, la campaña para salvar al Bosque del Gran Oso se convirtió en un movimiento masivo que ganaba actualidad y atención mediática.

La campaña

Los activistas de Greenpeace bloquearon operaciones de talado remotas, cerraron caminos y evitaron que los trabajadores entraran al bosque y salieran los cargamentos de madera. El director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Thilo Bode, habló ante la ONU sobre el bosque, en el momento en que la policía canadiense ingresaba para romper las protestas. Dos embarcaciones de Greenpeace, el Moby Dick y el Arctic Sunrise, entraron en acción. Al mismo tiempo, estaba en marcha una campaña en Europa y Estados Unidos dirigida a los clientes de las compañías taladoras. Esto se complementó en 1999 con una campaña dirigida a la industria bancaria. Los grandes bancos comenzaron a sacar su inversión de las empresas involucradas. El resultado combinado de todo esto fue un clima de negocios verdaderamente incierto... y la industria tuvo que sentarse a negociar.

Acuerdo negociado

El acuerdo final fue negociado entre grupos ambientalistas, las Primeras Naciones, el gobierno de Columbia Británica y las compañías taladoras (algunas fueron obligadas a permanecer en la mesa por la continua acción de Greenpeace). La protección del bosque no sólo es una de las más grandes victorias ambientales en la historia de Canadá. También sirve como ejemplo global para posibles soluciones a los conflictos sobre el uso de la tierra, que surgen a partir de las preocupaciones sobre justicia social para los pueblos indígenas y su derecho a conservar sus territorios tradicionales; sobre las preocupaciones ambientales respecto a la tala industrial a gran escala y la necesidad de proveer de una forma sustentable de ganarse la vida a los habitantes de esos lugares amenazados. Hoy, el Bosque del Gran Oso es uno de los más grandes y protegidos del mundo.

2010: Nestlé deja de comprar aceite de palma que destruye el bosque tropical

 

Siguiendo una corta, pero altamente efectiva campaña global contra la marca Kit Kat, Greenpeace logró que el gigante alimenticio Nestlé aceptara dejar de comprar aceite de palma a proveedores que destruyen el bosque tropical.

La amenaza

La  compañía de alimentos Nestlé compraba aceite de palma a Sinar Mas, una empresa indonesia que había sido descubierta, una y otra vez, destruyendo ricas turberas y bosques tropicales en ese país. Estas prácticas –documentadas por Greenpeace con imágenes satelitales y fotografías– empujaban al orangután a la extinción y aceleraban el cambio climático.

El estilo Greenpeace

El compromiso de Nestlé se obtuvo después de 8 semanas de intensa campaña que combinó presión masiva de consumidores a través de las redes sociales con un blanco muy bien escogido –la marca Kit Kat–, acción directa no violenta y la difusión continua de evidencias. Cientos de miles de simpatizantes apoyaron la campaña escribiendo a Nestlé, llamándolos o difundiendo el mensaje de la campaña a través de redes sociales. “Have a break?", una video-parodia de Greenpeace, fue retirado de YouTube, provocando denuncias contra la censura y cientos de miles de visitas al video después de que éste volvió a ser cargado en Vimeo. En total tuvo 1.5 millones de visitas.

Campaña internacional

En la preparación de estas actividades públicas, Greenpeace utilizó su estructura internacional para establecer que el aceite de palma producido por Sinar Mas era, en efecto, utilizado en la barras de chocolate Kit Kat. Antes y durante toda la campaña, Greenpeace monitoreó las prácticas de la compañía indonesia, con equipos que proveían evidencia satelital y fotográfica desde Indonesia. Esta campaña, dirigida específicamente a la compañía, que también incluyó a activistas que se presentaron ante accionistas de Nestlé AGM, se desarrolló a partir del continuo trabajo de cabildeo del equipo de bosques de la organización, para presionar a actores políticos a tomar acciones internacionales y locales coordinadas a fin de implementar las medidas necesarias para proteger los bosques del planeta, los derechos de las personas que dependen de ellos, la biodiversidad y el clima.

El poder de los consumidores

Las compañías multinacionales, como Nestlé, están en una situación perfecta para presionar a sus proveedores y competidores para que sigan su ejemplo, provocando un cambio en el sistema. Siguiendo el compromiso de la compañía, Greenpeace anunció que la estaría vigilando para asegurar que cumpla su palabra. En 2011 sigue investigando y exhibiendo a las transnacionales inescrupulosas que destruyen los bosques tropicales y presionando al gobierno de Indonesia para que actúe, todo esto a fin de acercarse a la meta final: cero deforestación a nivel global para el 2020.

Temas