En el aniversario de Fukushima Greenpeace exige energías limpias

Prensa - 11 marzo, 2013
En Chile, el Gobierno anunció que iniciará estudios de factibilidad para la instalación de centrales nucleares en territorio nacional. Para Greenpeace, esta medida va en contra de la tendencia mundial que luego del desastre de Fukushima ocurrido hace exactamente dos años—uno de los más significativos de la historia junto a Three Mile Island y Chernobyl- países como Alemania, Suiza, Bélgica y Japón anunciaron un progresivo abandono de la energía atómica, mientras otros como Italia, ratificaron su intención de construir un futuro libre del peligro.

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“La energía nuclear es una energía tóxica, riesgosa y costosa. Las urgencias de Chile son actuales y es un sinsentido invertir en estudios para dilucidar qué magia administrativa, constructiva y de prevención de riesgos habría que inventar para incorporar la nuclear en uno de los países con mayor actividad sísmica del planeta, en vez de destinar esos montos a las oportunidades reales e inmediatas que ofrecen las energías renovables no convencionales. La disyuntiva absurda que se plantea es sobre asignar recursos en resolver las preguntas de un futuro que no nos conviene, versus asumir las urgencias de la política energética con perspectiva a la situación real de Chile hoy para garantizar una incorporación progresiva de ERNC bajo criterios sustentables y de crecimiento equitativo para la nación”, explica Matías Asun, Director Nacional de Greenpeace en Chile.

Para Greenpeace el desastre de Fukushima expone los riesgos inherentes de la energía nuclear, revelando que siempre será vulnerable a una combinación potencialmente mortal de un error humano, fallas de diseño y los desastres naturales como en 2010.

“La energía atómica es una tecnología en retirada a escala global. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, en 2009 la nuclear aportó menos de un 6 % a la matriz energética global” aseguran en la organización.

El llamado de Greenpeace a los gobiernos de Chile y el mundo es a disponer de planes de cierre progresivo y programado de los reactores existentes, y no la construcción de nuevos reactores nucleares comerciales. “Los gobiernos deben invertir en recursos energéticos renovables que no sólo sean amigables con el medio ambiente, sino también asequibles y fiables”.


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