Prensa - 17 septiembre, 2009
Los Ministros de Medio Ambiente en Chile dieron un paso hacia delante para combatir el cambio climático en la región, pero se dejaron puntos clave por fuera.
El reloj de arena y el lienzo en pleno Cerro San Cristobal, con un contaminado Santiago de fondo.
Greenpeace, WWF y otras organizaciones de la sociedad civil, reconocen el esfuerzo de los dirigentes latinoamericanos presentes en el IX Foro Iberoamericano de Ministros de Medio Ambiente celebrado el pasado 9,10 y 11 de septiembre en Santiago de Chile, para avanzar en políticas de adaptación y mitigación de cambio climático en América Latina. Algunos aspectos claves de la Declaración son:
- La solicitud a los países desarrollados para que asuman compromisos claros y cuantificables en las reducciones de emisiones.
- El entendimiento de que todos los países deben participar en el esfuerzo global de reducción de emisiones.
- La puntualización de que el financiamiento y la transferencia de tecnología desde los países desarrollados para la adaptación y mitigación son elementos fundamentales en la negociación.
- La urgencia de una arquitectura institucional de gobernanza funcional e innovadora dentro de la Convención, con la activa participación de las partes.
Sin embargo, Greenpeace y WWF consideran que la Declaración no tomó en cuenta las expectativas de los países iberoamericanos frente a los países desarrollados como por ejemplo el compromiso de estos últimos a reducir sus emisiones hasta al menos un 40% por debajo de los niveles de 1990 para el año 2020, y en un 95% para el 2050, tal como lo establece el Tratado Climático de Copenhague.
El Tratado Climático de Copenhague, documento que fue entregado por parte de Greenpeace y WWF a Ana Lya Uriarte, Ministra Presidenta de la Comisión Nacional de Medio Ambiente de Chile y a los países asistentes a la reunión, es el resultado del trabajo realizado por 6 organizaciones no gubernamentales entre estas Greenpeace y WWF, con el apoyo de más de 40 investigadores de todo el mundo. Este describe el camino por el que el mundo deberá transitar con el fin de evitar el cambio climático catastrófico, sustentado en la evidencia que señala que el aumento de la temperatura mundial debe mantenerse muy por debajo de los 2 grados centígrados.
El financiamiento y la trasferencia de tecnología hacia los países en desarrollo para que implementen acciones de mitigación y adaptación al cambio climático tampoco fue abordado de manera detallada en la Declaración. En este sentido, el Tratado señala que los países desarrollados deberían aportar al menos 160 mil millones de dólares por año entre 2013 y 2017 (duración que se espera que tenga el segundo período de compromiso de reducción de emisiones a acordarse en Copenhague) para que sean utilizados en políticas de mitigación, cooperación tecnológica, innovación y adaptación en los países en desarrollo, además de la protección de los bosques.
Igualmente, el documento plantea cómo las personas que habitan en las regiones más pobres y vulnerables pueden ser protegidas e incluso compensadas y es aquí donde Iberoamérica entra a jugar un papel crucial no sólo en cuanto a la implementación de políticas nacionales de adaptación y mitigación en los países de la región, sino en relación al rol de liderazgo que asuman sus gobernantes camino a Copenhague con el fin de presionar la toma de decisiones concretas, realistas y efectivas.
Como lo señala Gustavo Ampugnani, Coordinador Político para América Latina de Greenpeace Internacional: "Sin números sobre la mesa es muy difícil saber qué tan lejos se llegará a la aplicación de medidas para enfrentar los impactos del cambio climático en Latinoamérica, o en la adopción de medidas concretas para evitar la emisión de gases de efecto invernadero en nuestros países a la vez que se crece económicamente” y es por esto que Greenpeace y WWF llaman la atención sobre la necesidad de profundizar y ser más específicos en los puntos que Iberoamérica plantea como región.
Por otro lado, Roberto Troya, Vicepresidente y Director Regional del programa para América Latina y el Caribe de WWF, señala que “es necesario que a partir de la Declaración de los Ministros de Ambiente en Chile, dentro del proceso de negociación los países de la región, se empiece a fortalecer el desarrollo de propuestas que contribuyan a reducir los impactos sobre las poblaciones humanas y aquellos potencialmente irreversibles en los ecosistemas y la biodiversidad”.
Un primer paso se dio con la Declaración de Santiago, pero “tenemos un camino por recorrer de aquí a Copenhague y es necesario que fortalezcamos el desarrollo de propuestas con una visión regional”, concluyó Ampugnani.