Pesca de Arrastre

La pesca destructiva.

Página - 31 octubre, 2010
Muchos ecólogos marinos piensan que la mayor amenaza a los ecosistemas marinos de hoy, es la sobrepesca. Nuestro apetito por pescado es superior a los límites ecológicos de los océanos, con efectos devastadores sobre los ecosistemas marinos. Los científicos advierten que los resultados pueden cambiar nuestros océanos, quizás para siempre. Y nuestros platos, que en el futuro podrían presentar un pescado con papas fritas como un manjar exótico y muy caro.

La pesca mundial no está en las condiciones que se encontraba en la década de los 80, donde se vio una expansión en las capturas mundiales augurando buenos resultados económicos a quienes lograran internarse en aguas internacionales. Este hecho se generó debido a que se habían sobreexplotado las pesquerías que estaban más cerca de la orilla. Además, éstas se encontraban mejor reguladas y planteaban mayores restricciones debido a los programas de pesca nacionales.

Un barco pesquero comercial de camarón es perseguido por tres lobos marinos cerca de San Felipe. Los camaroneros, a menudo entran a las reservas marinas de manera ilegal, representando una gran amenaza para el medio marino en el extremo norte del Golfo de California, debido a la variedad de fauna marina, incluyendo leones marinos que quedan atrapados en sus redes de arrastre de fondo. © Alex Hofford/Greenpeace

Ese escenario de abundancia cambió, y el reporte “El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura” (SOFIA por sus siglas en inglés) del Departamento de Pesa y Acuicultura de la FAO, da un vistazo general al estado de los recursos pesqueros:

"En el 2007, de un 28% de las poblaciones [de peces], un 19% estaban sobreexplotadas, un 8% agotadas, y un 1% en recuperación tras haber sido agotadas; por lo tanto no aprovechaban su máximo potencial debido a una excesiva presión pesquera. Un 52% adicional de las poblaciones se hallaban plenamente explotadas, y por ello, producían capturas próximas a sus límites máximos sostenibles, sin posibilidad de aumentar. Tan sólo un 20% de las poblaciones eran objeto de una explotación moderada o estaban infraexplotadas, quizás con posibilidades de producir más. La mayor parte de las poblaciones de las diez especies más pescadas, las cuales representan en total un 30% de la pesca de captura marina mundial en términos de cantidad, están siendo plenamente explotadas o sobreexplotadas. Las áreas que presentan las mayores proporciones de poblaciones plenamente explotadas son el Atlántico Nororiental, el Océano Índico Occidental y el Pacífico Noroccidental. En total, el 80% de las poblaciones mundiales de peces sobre las que se dispone de información han sido registradas como plenamente explotadas o sobreexplotadas, y por ello, requieren una gestión eficaz y precautoria[1]

Esta sobreexplotación que nos muestra el estudio mundial de la FAO (Food and Agriculture Organization) no sólo afecta a los recursos marinos, también afecta a las personas que dependen de ellos en todo el mundo. A escala mundial, el número de personas empleadas en la pesca de captura se redujo en un 12% durante el período 2001-2006[2]. Esto trajo consigo más y más problemas en países como Chile, cuya población tiene una fuerte dependencia de estos recursos. En el Censo Pesquero presentado el año 2010 por el Instituto Nacional de Estadística [INE], existen 718.804 pescadores artesanales y conexos, los cuales están compuestos por “todas aquellas personas naturales que en forma personal, directa y habitual, realizan actividad pesquera extractiva, con o sin el empleo de una embarcación artesanal y además, personas que realizan oficios relacionados o conexos a la pesca, como, desconchadotes, fileteadores, encarnadotes, entre otros”; sin considerar los trabajadores de la industria pesquera. Por lo que es posible considerar que Chile es un país con “cultura pesquera”.

Esto revierte una mayor preocupación cuando la FAO, de forma categórica señala que “ya se ha alcanzado el potencial máximo de pesca de captura de los océanos del mundo, por lo que es necesario aplicar un enfoque más controlado a la ordenación pesquera, en especial a algunos recursos altamente migratorios, transzonales y otros que se explotan única o parcialmente en alta mar[3]

El "Santa Cristina", de Portugal, utiliza redes de arrastre de fondo para peces de aguas profundas a profundidades de 650 metros en el océano del Atlántico Norte. ©Virginia Lee Hunter/Greenpeace

Chile siendo el sexto país pesquero mundial[4], también sufre de esta situación, donde los recursos marinos han mantenido una tendencia a la disminución de captura, aún cuando el Consejo Nacional de Pesca, organismo que decide el total de la cuota global anual que es posible capturar, haya constantemente aumentado las cuotas.

La visión de nuestra administración pesquera no da cuenta de las complejas relaciones que se desarrollan en los ecosistemas marinos; y su enfoque pesquero mono – específico (sobre especies individuales) no permite la evaluación ambiental de los ecosistemas y su salud, tema fundamental para su sustentabilidad. Este régimen debe cambiar a un manejo basado en el ecosistema con un fuerte apoyo de certidumbres científicas; punto ampliamente ignorado por el Consejo Nacional de Pesca.

Por otro lado, las pesquerías chilenas están en una condición de riesgo, debido al uso de artes de pesca destructivos, como el arrastre, pero también por el alto grado de concentración de la cuota, donde muy pocos actores la controlan, poniendo una importante presión sobre la conservación de los recursos marinos.

Se suma a estos problemas, el que la principal especie objetivo de pesca en Chile, el Jurel (el cual sostiene la mayor parte de las empresas nacionales), ha caído en su captura debido a diversos factores, y uno de los de mayor impacto, es la flota que lo captura en aguas internacionales. Es por esta razón que el Gobierno de Chile ha liberado, junto a Australia y Nueva Zelanda, la creación de una organización de administración pesquera en el Pacífico Sur, la cual debe asignar la administración y sustentabilidad de los recursos en el área. Esta es la única manera para que el Jurel siga siendo la pesquería más importante de Chile, porque de otra manera, este recurso se verá capturado sin ningún cuerpo internacional que lo maneje. Esta convención llamada “Convención sobre la Conservación y Ordenación de los Recursos Pesqueros de Alta Mar en el Océano Pacífico Sur” 10 ha sido firmada hasta este momento por Nueva Zelanda, las Islas Cook, Chile, Colombia, Perú, y las Islas Faroe.

Nuestra única salida a toda esta sobre pesca, es que el enfoque pesquero sea ecosistémico y que las recomendaciones científicas sobre el monto total anual de la cuota sea el techo y no el piso mínimo como actualmente se entiende.

Notas:

[1] "El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2008", Departamento de Pesca y Acuicultura de la FAO, Roma, 2009, p 8.
[2] El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2008, Departamento de Pesca y Acuicultura de la FAO, Roma, 2009, p 7.
[3] El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2008, Departamento de Pesca y Acuicultura de la FAO, Roma, 2009, p 8.
[4] El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2008, Departamento de Pesca y Acuicultura de la FAO, Roma, 2009, Figura 4, Pesca de captura marina y continental: los diez principales países productores en 2006, p 12.

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