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Portada tríptico Aguas. (Enero 2007)

Portada tríptico Aguas. (Enero 2007)

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La desalación o desalinización es un proceso de separación de la sal del agua del mar o de las aguas salobres, para hacerlas potables o útiles para otros fines. La tecnología más extendida actualmente es la ósmosis inversa. El proceso es simple, mediante la aplicación de una presión mecánica se logra hacer pasar el agua salada a través de una membrana artificial para separarla de la sal y así obtener agua pura.

Impactos de la desalación:
La propia construcción de la planta desaladora en zonas costeras y su impacto sobre el paisaje.

La energía eléctrica consumida para vencer la presión osmótica (70kg/cm2), bombear el agua desde su origen y posteriormente hacia los depósitos de almacenamiento.

El residuo resultante, denominado salmuera, muy concentrado en sales, presenta diferencias de pH y temperatura respecto del agua original, además, contiene productos químicos (metales pesados, biocidas, anti-incrustantes y anti-espumantes), que luego son vertidos al mar.

El impacto social al crear la idea de agua como recurso infinito y permitir la construcción de nuevos desarrollos urbanísticos en la zona costera.

Desde Greenpeace consideramos que el incremento de recursos hídricos mediante la construcción de desaladoras, no puede servir en ningún caso para fomentar y/o consolidar políticas urbanísticas con crecimientos incontrolados, dando por bueno así un modelo insostenible de desarrollo, que llevaría aparejada una brutal destrucción de los recursos naturales de la costa mediterránea.

Toda la energía necesaria para este proceso debe ser de origen renovable y deberían promoverse programas de investigación para minimizar la producción y efectos de la salmuera.

La desalación debería ser la última de las opciones a realizar entre todas las actuaciones destinadas a la mejora de la gestión de la demanda de agua.