Entre
las categorías de armamento que precisan regulaciones nacionales e
internacionales estrictas, para proteger a los civiles durante y
después de un conflicto armado, las bombas de racimo exigen especial
atención. Estas armas actúan de forma indiscriminada, no distinguen
entre blancos civiles y militares y siguen causando muertos y heridos
mucho tiempo después de que un conflicto haya finalizado.
Además de las
muertes que se producen durante y después de las operaciones, tienen
graves consecuencias socioeconómicas para las poblaciones que viven en
esas zonas. Durante largo tiempo desde que acaba el conflicto, impiden
el uso de carreteras, el acceso a las escuelas y hospitales, y el
desarrollo de la agricultura en países donde ésta es crucial para la
supervivencia.
Desde los años sesenta, este armamento ha sido
utilizado en numerosas guerras y también en varios de los conflictos
más recientes:
Kosovo (1999), Afganistan (2001),
Irak (2003) y
Líbano (2006). Así como en países africanos como Sudán y Sierra Leona, entre otros.
No existe una prohibición específica de estas armas a pesar del daño que causan. Sin embargo, son contrarias a las disposiciones generales de los Convenios de Ginebra al violar el principio de discriminación entre civiles y militares.
Desde 1976, algunos países han venido pidiendo su prohibición. Más recientemente, los parlamentos de Australia, Dinamarca y Noruega, y el Parlamento Europeo, han reconocido el peligro que significan. El paso más significativo lo dio el Parlamento de Bélgica en el año 2006: prohibió la tenencia, almacenamiento y fabricación de estas armas en su territorio. Y Noruega ha anunciado que liderará un proceso internacional encaminado a lograr su prohibición.
Sin embargo, hasta el momento no se han tomado decisiones, a pesar de la presión y sensibilización que llevan a cabo organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo. Greenpeace se une ahora a ellas para reclamar una prohibición de la fabricación, uso y venta de las armas de racimo a través de normas nacionales e internacionales.
En torno a 100.000 personas han muerto como consecuencia de las bombas de racimo, un 98% de ellos civiles.
Como funciona una Bomba de RacimoUna bomba de racimo está formada por una bomba “contenedor” que puede
ser lanzada desde tierra, mar o aire y que, al abrirse durante la
trayectoria, expulsa entre varias docenas y varios cientos de
submuniciones que se dispersan en amplias superficies.
En
teoría, estallan cuando chocan contra el suelo, pero esto no siempre es
así. Generalmente, grandes cantidades de municiones quedan en el suelo
sin explotar, y dispuestas a hacerlo cuando una persona o un vehículo
las pisa o camina cerca de ellas. Un 98% de sus víctimas son civiles,
la mayoría niños, ya que debido a sus colores brillantes y llamativos
creen que son juguetes y las cogen para jugar con ellas.
Información adicional
Más de 400 millones de personas, amenazadas por las submuniciones sin explotar.
La organización Handicap International ha denunciado que 400 millones depersonas están amenazadas por millones de submuniciones procedentes de las bombas de racimo que no explotaron cuando fueron lanzadas en algún conflicto.
La organización ha presentado en Ginebra el informe "Círculo de impacto: la marca fatal de las bombas de racimo en las personas y sus comunidades". En él se revela que hasta el momento se han utilizado en todo el mundo 360 millones de esas bombas, que pueden
liberar hasta 300 submuniciones. Entre el 5 y el 30% (entre 22 y 132 millones) no llegan a explotar, por lo que se convierten en un grave peligro para la población. El informe analiza el impacto socioeconómico en los 25 países y regiones en los que se han usado y que, oficialmente,
ha causado 13.306 muertes aunque podrían llegar hasta las 100.000 a causa de la falta de información.
Pulsa aquí para acceder al
informe (en inglés):
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