Adiós a las bombas de Racimo
Los casi 100 Gobiernos que el día 3 de diciembre de 2008 firmaron el Tratado contra las bombas de racimo se comprometieron en un paso histórico. Entre ellos había muchos de los productores de este armamento, otros que tienen arsenales y algunos que los han usado en el pasado.
Greenpeace y las organizaciones españolas que formamos parte de la Coalición contra las bombas de racimo (CMC, por sus siglas en inglés) creemos que éste ha sido un momento histórico y queremos felicitar al Gobierno español por haberse sumado al mismo.
En la conferencia participaron representantes al más alto nivel de más de 100 Gobiernos. Junto a ellos, más de 250 personas de 70 países, pertenecientes a las numerosas organizaciones que forman parte de la CMC, estuvieron en Oslo para ser testigos del acontecimiento y felicitar a aquellos países que decidieron sumarse a este proceso.
Por parte de España se han producido varios sucesos importantes. Por un lado el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, estuvo en Oslo para firmar el Tratado. Además, el 18 de marzo de 2008 el Congreso lo ratificó, convirtiéndonos en el quinto país en ratificar en todo el mundo. Y el mismo día, el Ministerio de Defensa anunció que había terminado la destrucción de los arsenales de bombas de racimo del ejército, con un total de casi 6.000 armas desmanteladas. Esto nos convierte en el primer país del mundo en lograr la destrucción total de los arsenales.
La Fundació per la Pau, Greenpeace, Justicia i Pau y el Moviment per la Pau felicitamos al Gobierno español por dar este paso y sumarse de forma activa a la prohibición de este armamento. Creemos que la mejor forma de mostrar un compromiso por la paz es renunciar a tipos de armamento con impactos indiscriminados en las poblaciones civiles.
El Proceso de Oslo comenzó hace sólo 18 meses y en este escaso plazo de tiempo se ha logrado un Tratado. Además, se trata de un buen texto que contiene la inmensa mayoría de las peticiones de la sociedad civil. El papel de liderazgo de algunos Gobiernos, especialmente Noruega, ha sido clave, pero ello no hubiera sido posible sin una sociedad global comprometida que, en todo el mundo, apoyó y alentó el proceso. El Tratado firmado hoy muestra que el cambio es posible.

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