Afganistán
En
Afganistán, las bombas de racimo han sido usadas desde los años ochenta
por los soviéticos, el régimen talibán, la Alianza del Norte (oposición
a los talibán) y las tropas de EE UU.
En octubre de 2001, un mes
después de los ataques del 11 de septiembre, EE UU y varios países
aliados comenzaron una ofensiva en este país para capturar a Osama Bin
Laden y los principales líderes de la organización Al Qaeda, y expulsar
del poder al régimen talibán, que les había acogido en el país.
En
2001 y 2002, durante la ofensiva estadounidense, se lanzaron más de
1.200 bombas de racimo con casi 250.000 submuniciones contra bases
militares y posiciones de los talibán. Estos objetivos se encontraban
cerca de pueblos y aldeas, cuya población civil resultó afectada. Los
equipos de desminado de la ONU estiman que en torno a 40.000 municiones
no explotaron. El número de víctimas documentadas en este país supera
las 700, de ellas, 150 murieron.