Laos
Desde
1964 hasta 1973, Estados Unidos llevó a cabo 580.000 bombardeos sobre
el territorio de Laos: uno cada 9 minutos, durante 10 años. Más de dos
millones de toneladas de explosivos fueron lanzados sobre aquel país.
Las
bombas de racimo se consideraron útiles porque podían penetrar en la
jungla y cubrir (e inutilizar para el enemigo) grandes superficies de
territorio. Los ataques se diseñaron para impedir el acceso de convoyes
enemigos a estas zonas, y evitar que se escondieran entre los árboles.
Además, de esta forma no era necesario utilizar tropas de tierra.
Más
de tres décadas después del fin de este conflicto, 2-3 ciudadanos de
Laos mueren todos los meses como resultado de los explosivos sin
detonar, y otros 6-7 resultan heridos, la mitad de ellos niños. Más de
12.000 personas han muerto por esta razón desde el final de la guerra.
Los
esfuerzos de desminado y limpieza de terrenos avanzan a un ritmo que no
puede abarcar los grandes territorios minados, y esto ha retrasado la
reactivación de la agricultura en grandes zonas, así como la
reconstrucción de carreteras, escuelas y hospitales.