Líbano
En
el conflicto militar que siguió, Hezbolá mató al menos a 40 civiles
israelíes mediante el lanzamiento de cohetes sobre áreas civiles,
mientras que Israel lanzó bombardeos masivos sobre todo el teritorio
libanés seguidos por el envío de fuerzas terrestres.
Al menos
1.000 libaneses murieron y casi un millón de personas se vieron
obligadas a desplazarse a causa del conflicto, que también causó daños
catastróficos a las infraestructuras civiles libanesas, incluyendo
carreteras, puentes, hospitales, escuelas, plantas eléctricas, etc.
El
Gobierno de Israel afirma que no atacó objetivos civiles y que sólo usó
armas permitidas de acuerdo al Derecho Internacional, pero varias ONG
presentes en el terreno y las fuerzas de la ONU señalan que hubo
bombardeos masivos con bombas de racimo, sobre todo en las últimas
horas de la guerra. Fueron alcanzados pueblos, aldeas y terrenos de
cultivo, y miles de de bombas y municiones quedaron sin explotar.
El
Comité Internacional de la Cruz Roja ha denunciado que amplias regiones
del sur de Líbano están cubiertas por municiones de racimo sin
explotar, que son un gran peligro para los desplazados que tratan de
regresar a sus hogares y también para aquellos que trabajan en tareas
humanitarias y de reconstrucción.
Las municiones están también
esparcidas por las tierras de cultivo (incluso en las ramas de los
olivos y cítricos), por lo que la recuperación de la actividad agraria
será mucho más lenta y peligrosa y puede incluso poner en riesgo la
próxima cosecha.
En noviembre de 2006, los restos de las bombas
de racimo habían matado al menos a 22 personas, y otras 130 habían
resultado heridas. El equipo de acción sobre minas de la ONU en el sur
de Líbano ha calculado que, teniendo en cuenta los lugares localizados
y el número de municiones encontradas en la fase de desminado de
emergencia, el número de submuniciones sin detonar que permanece en el
sur del país rondaría el millón de unidades.