No hay una regulación internacional específica sobre las bombas de
racimo, a pesar de su impacto desproporcionado sobre las poblaciones
civiles. Hasta ahora, el marco de las discusiones ha sido la Convención
para la prohibición o limitación de uso de ciertas armas convencionales
(CCW).
El
28 de noviembre de 2003 se aprobó el Protocolo Adicional V a esta
Convención. En él se establecen las responsabilidades sobre la
limpieza, retirada y destrucción de los residuos explosivos tras la
guerra, y se hacen recomendaciones genéricas sobre la necesidad de
mejorar la fiabilidad de las municiones. Incluso afirma que un estado
que usa armas que dejan estos residuos tiene la responsabilidad de
contribuir a eliminarlos, incluso si el territorio donde se utilizaron
no está bajo su control.
El Protocolo, que ha sido ratificado
por más de 20 estados, entró en vigor en noviembre de 2006 y es un paso
importante para reducir el impacto de las bombas de racimo y otros
explosivos después de las guerras.
Sin embargo, no contiene
ninguna disposición legal para prevenir que esto ocurra (sólo medidas a
adoptar posteriormente), y el problema crece mucho más rápido de lo que
lo hacen las operaciones de limpieza. Tampoco aborda el riesgo de que
las bombas de racimo tengan efectos indiscriminados incluso si
funcionan como está previsto, por ejemplo, si caen en un área habitada.
Y muchas de las medidas que contempla se refieren a guerras futuras, y
no al problema de los residuos que ya existen ahora y que es necesario
limpiar y desactivar.
En 2004, el Grupo recibió un nuevo
mandato. Se trata, ahora, de estudiar las posibles medidas preventivas
a adoptar para mejorar el diseño de ciertos tipos de municiones,
incluidas las submuniciones, y reducir así sus graves consecuencias
humanitarias. Sin embargo, las discusiones se han centrado hasta ahora
en cómo lograr diseños y mejoras técnicas que las hagan más fiables.
Por el contrario una cuestión clave en relación con esto -cuál es la
utilidad militar real de las bombas de racimo y si realmente a las
fuerzas armadas modernas les resulta imprescindible tenerlas y
utilizarlas- ha recibido una atención muy escasa.
Sin embargo, los trabajos de la CCW tienen ahora menos sentido en relación con las bombas de racimo, al aprobarse en el marco del proceso de Oslo el texto de un Tratado que las prohibirá. Esto sucederá pronto. El Tratado se abre a la firma de los Estados en Oslo los días 2 y 3 de diciembre, y sólo hace falta la firma de 30 países para que entre en vigor.
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