Medidas nacionales e internacionales
Noruega anunció en junio de
2006 una moratoria en el uso de bombas de racimo, y ha señalado su
intención de liderar las negociaciones internacionales encaminadas a su
prohibición. Se trata de un proceso al margen de la Convención sobre la
prohibición y limitación de empleo de ciertas armas convencionales
(CCW), dirigido a lograr un tratado, y que comenzará en el año 2007.
España ha expresado su apoyo.
En febrero de 2006, el Parlamento belga
aprobó una ley que prohíbe la fabricación, almacenamiento y venta de
bombas de racimo. Otras iniciativas similares han sido debatidas en Alemania, Austria, Francia, Italia, Luxemburgo, Suecia y Suiza.
Varios gobiernos han apoyado dar pasos hacia una regulación internacional de las bombas de racimo en el marco de la CCW.
En octubre de 2004, el Parlamento Europeo
aprobó una resolución que pide una moratoria inmediata sobre el uso,
almacenamiento, producción y transferencia de bombas de racimo. Este
sería el primer paso hasta que se haya negociado un acuerdo
internacional sobre su regulación, restricción o prohibición.
Australia
declaró en abril de 2003 que no usaría bombas de racimo, y el Senado
australiano aprobó una moción que reclama una moratoria en su uso.
España y las Bombas de Racimo
España es uno de los países cuyo ejército todavía posee este tipo de
armas. Y varias empresas españolas figuran entre los productores.
Aunque la opacidad del comercio de armamento hace imposible saber a qué
países se venden estas bombas y si han sido usadas en algún conflicto,
su peligro potencial exige prohibir su fabricación y venta.
Además,
en los últimos años el ejército español ha participado en numerosas
misiones de paz y la desactivación y recogida de las submuniciones
esparcidas en el terreno es una de sus principales tareas, y uno de los
mayores riesgos que asumen (la misión en Líbano es sólo el último
ejemplo de esto).
Es absurdo que en España se sigan fabricando,
comprando y vendiendo armas que suponen un riesgo tan letal para las
poblaciones civiles, además de una complicación añadida en las misiones
internacionales en las que participa.