Casi 100 Gobiernos firmaron el 3 de diciembre en Oslo un Tratado Internacional contra las bombas de racimo. Se trata de un apoyo altísimo que significa la estigmatización de este tipo de armamento, y que demuestra el inmenso respaldo de la comunidad internacional a la eliminación de las bombas de racimo. Entre estos países están la mayoría de los latinoamericanos, africanos y asiáticos, muchos miembros de la OTAN, y el Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda, Dinamarca, Italia, Bélgica y España.
Celebración en el último día de la Conferencia Diplómatica sobre las bombas de racimo en Dublín.
Ya puede afirmarse que es muy difícil o imposible que este tipo de arma vuelva a utilizarse: los países que apoyan el Tratado y lo firman, porque éste se lo prohíbe; y los que queden fuera, por la condena moral que acarrearía. Este Tratado es, por tanto, uno de los pasos más importantes que ha dado en muchos años la comunidad internacional en materia de desarme y de protección de los civiles durante los conflictos armados.
El texto aprobado supera todas las expectativas de la sociedad civil. Es un texto sin excepciones, que prohíbe todos los tipos de bombas de racimo. No tendrá retrasos pues, a pesar de los intentos de varios países de retener durante un tiempo sus arsenales, no se han aceptado periodos de transición. El Tratado entrará en vigor en cuanto 30 países lo hayan firmado y ratificado. Esto puede suceder muy pronto si se tiene en cuenta el inmenso respaldo que ha recibido.
Una idea de la magnitud del Tratado es que todas las bombas de racimo que se han usado en Vietnam, Laos o Camboya; Kosovo, Afganistán, Irak o Líbano, quedarán prohibidas, al igual que todas las demás. Otro punto fuerte del Tratado es el elevado nivel de detalle con que se definen los apartados de cooperación internacional y de asistencia a las víctimas. Estos eran los puntos débiles del Tratado de Ottawa y ahora han quedado resueltos, lo que sienta un precedente importante de cara a otros futuros tratados sobre armas convencionales.
Greenpeace y la CMC Barcelona (Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado, Fundació per la Pau, Justicia i Pau y Moviment per la Pau) han expresado su satisfacción. Tanto estas organizaciones como las más de 200 presentes en Dublín, agrupadas en la Coalición contra las Bombas de Racimo (CMC) creen que el proceso de prohibición de las bombas de racimo y de destrucción de este tipo de arma será rápido e imparable.
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