La desalación o desalinización es un proceso de separación de la sal del agua del mar o de las aguas salobres para hacerlas potables o útiles para otros fines.
La tecnología más extendida actualmente es la ósmosis inversa. El
proceso es simple. Mediante la aplicación de una presión mecánica se
logra hacer pasar el agua salada a través de una membrana artificial
para separarla de la sal y así obtener agua pura.
Tras derogar el trasvase del Ebro, infraestructura que suscitó una gran
confrontación social, el actual Gobierno ha planteado una serie de
alternativas en el programa A.G.U.A. (Actuaciones para la Gestión y la
Utilización del Agua). Dicho programa tiene previstas más de un
centenar de actuaciones en las cuencas mediterráneas, entre las que se
encuentra
la construcción de varias plantas desaladoras que aportarían el 50% del
volumen de agua prometido a las cuencas mediterráneas (unos 621
hm3/año).
La desalación conlleva serios problemas intrínsecos:
El impacto paisajístico de la propia construcción de la
planta
desaladora en zonas costeras. La ubicación tiene que cumplir lo
estipulado en la Ley de Costas respecto al dominio público
marítimo-terrestre. Por ello, sería necesario estudiar la ubicación de
cada planta caso por caso.
La cantidad de energía eléctrica que consumen para vencer la
presión osmótica (70kg/cm2), bombear el agua desde su origen y
posteriormente hacia los depósitos de almacenamiento. Por eso, la
demanda de energía de estas instalaciones tiene que ser suministrada
por energías renovables (solar, eólica, otras). También hay que tener
en cuenta la calidad de las aguas del mar que se van a utilizar, ya que
a mayor calidad menor consumo energético y menos emisión de solutos y
sólidos disueltos. Para conseguirlo, es necesario diseñar y ejecutar un
plan de mejora de la calidad de las aguas costeras y litorales.
El residuo de las desaladoras, la salmuera, muy concentrado en
sales, presenta diferencias de pH y temperatura respecto del agua
original y contiene productos químicos como biocidas,
anti-incrustantes, anti-espumantes y metales pesados, que luego son
vertidos al mar. Por eso hay que tener en cuenta la dinámica litoral en
la ubicación de las desaladoras y de los emisarios de salmuera. Es
necesario situarlas en lugares con corrientes que puedan dispersar la
salmuera producida. De hecho, la presencia de praderas de la fanerógama
Posidonia oceanica debe
ser razón suficiente para no ubicar estas infraestructuras, ya que esta
planta marina es extremadamente sensible a los cambios de salinidad del
medio.
La incertidumbre sobre el impacto real de la salmuera. ¿Cuál será
el volumen real de salmuera producida? ¿Existen estudios del impacto de
las mismas, a nivel local y a nivel regional? Son necesarios programas
de investigación para dar usos alternativos a las salmueras o, al
menos, para minimizar su producción y efectos.
Un gran impacto social al crear la idea del agua como recurso infinito y
permitir la construcción de nuevos centros y complejos urbanísticos en
la costa (urbanizaciones, hoteles, campos de golf, parques
temáticos...). Las desaladoras no pueden servir en ningún caso para
fomentar y/o consolidar políticas urbanísticas con crecimientos
incontrolados y dar por bueno un modelo insostenible de desarrollo que
llevaría aparejado una brutal destrucción de los ya diezmados recursos
naturales de la costa mediterránea.
Por todo ello, la desalación debería ser la última de las opciones a
adoptar entre todas las actuaciones posibles. Existen medidas de
optimización de los recursos hídricos más rápidas y económicas que
pueden evitar la construcción de muchas de las plantas proyectadas:
~ La lucha contra la contaminación de las aguas, que liberaría gran cantidad de recursos para otros usos.
~ El cierre de pozos y extracciones no autorizadas.
~ La erradicación de los regadíos ilegales.
~ El fomento de la reutilización de agua residuales.
~ La mejora de las infraestructuras de distribución de agua, que sufren grandes pérdidas (en algunos casos superiores al 30%).
~ El fomento efectivo de las políticas de ahorro y desincentivación de la demanda.