Hotel "Oliva Beach" de la Cadena Riu, situado ilegalmente en dominio público marítimo-terrestre dentro del Parque Natural de las Dunas de Corralejo (Fuerteventura)
En 1980, 23,4 millones de turistas visitaron España. En 2000, la cifra fue de 43 millones y el año pasado, 2004, se alcanzaron los 53 millones. El turismo costero de “sol y playa” está basado en un modelo de crecimiento ilimitado. A pesar de su importancia económica, no se ha planificado ni gestionado teniendo en cuenta el frágil medio donde se desarrolla, el elevado consumo de un recurso tan escaso como el agua ni la ocupación de un ecosistema tan importante como el del suelo litoral.
El Ministerio de Medio Ambiente reconoce que el origen de la
desnaturalización de la costa es el “desarrollo” urbanístico del
litoral. Esta desnaturalización es la causa principal de la pérdida de
espacios costeros y de la degradación, agotamiento o destrucción de los
acuíferos y humedales del litoral.
Uno de los grandes problemas asociados a la saturación urbanística que
vive la costa está muy relacionado con el uso del agua. Por un lado,
lleva aparejado un consumo excesivo del preciado líquido y, por otro,
tal y como se encarga de recordarnos periódicamente la Comisión
Europea, descuida los aspectos relacionados con la depuración de las
aguas residuales, dilapidando así grandes cantidades de agua que
podrían, y deberían, ser reutilizadas.
La promesa de agua que el Plan Hidrológico Nacional (aprobado en 2001)
trajo a las regiones costeras del sureste español multiplicó
exponencialmente los proyectos urbanísticos en la Comunidad Valenciana,
la Región de Murcia y el levante almeriense. A pesar de que algunas
normativas autonómicas recogen la necesidad de acompasar el crecimiento
urbanístico con la carencia de agua, la realidad es bien distinta.
El estancamiento del modelo turístico de sol y playa en nuestras costas
ha llevado al sector a buscar nuevas estrategias, imponiéndose el
denominado “turismo de calidad”, que se traduce en el trinomio
“urbanización - campo de golf - puerto deportivo”. Este modelo de
rápida implantación en las costas españolas, lamentablemente, reporta
una presión enorme sobre los recursos naturales locales. Cada
municipio, de forma independiente, vende su territorio al mejor postor
y dispone de los recursos naturales, sin preocuparse por la hipoteca
que dichas actuaciones dejarán a las generaciones futuras.