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En España en 10 años (1994-2003) ardió una superficie mayor que 
Cantabria y Asturias juntas

El año 2009, el 5º peor del decenio en lo relativo a número de Grandes Incendios Forestales (GIF). Ha habido un incremento del 82% con respecto a 2008

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La responsabilidad de cuidar nuestros montes es de todos. Propietarios, administraciones públicas, sindicatos, empresas y ciudadanos

Causas

La problemática de los incendios forestales en los países mediterráneos como España tiene una casuística muy compleja. No es fácil abordar el problema de un solo ángulo o perspectiva.

En primer lugar, la estructura y composición de nuestros montes está determinada en gran parte por el abandono del medio rural. Este fenómeno ha traído consigo un significativo aumento de la superficie forestal en zonas agrícolas abandonadas a partir de la segunda mitad del siglo XX. Por esta razón, una parte de esta superficie está formada mayormente por masas forestales jóvenes, inestables, y con poca o nula gestión. También, el fin o el decaimiento de la mayoría de los aprovechamientos forestales (utilización de madera, pastoreo extensivo, recogida de leñas, carboneo, etc.) han supuesto un aumento considerable de la materia vegetal (matorral, piñas, ramas, árboles enfermos o caídos) que hasta hace algunas décadas eran objeto de aprovechamiento. Si a esto sumamos que sólo un 16% de las masas arboladas españolas tienen un plan de gestión, tenemos una situación estructural de abandono, poca gestión y gran cantidad de combustible. También, los criterios utilizados en las políticas de repoblación surgidas tras la postguerra española y la falta de tratamiento selvícola posterior hacen a este tipo de masas forestales muy susceptibles al fuego.

En segundo lugar, conviene recordar que el 95% de los incendios forestales están provocados por la mano de ser humano y que muchos de ellos son intencionados. Todavía pervive en el medio rural la costumbre de usar el fuego como herramienta de manejo (quemas agrícolas, regeneración de pastos, limpieza de fincas, para ahuyentar animales “dañinos”, etc.). Este uso cultural del fuego tan arraigado en el medio rural es el origen una parte considerable de los incendios forestales. El origen de otra parte importante de los incendios hay que buscarla en el aumento de la interfaz urbano-forestal como resultado de un uso cada vez más terciario del monte (áreas recreativas, turismo  en la naturaleza, etc.) y la mayor cantidad de infraestructuras (carreteras, tendidos eléctricos, urbanizaciones)  en el medio forestal. Por último, no se pueden descartar los intereses económicos y posibles cambios de uso del suelo entre las causas de una pequeña parte de los incendios forestales. Aunque la respuesta judicial a los responsables de provocar incendios se ha ido incrementando en los últimos años, todavía queda mucho por hacer en la investigación y persecución penal del delito de incendio forestal.

A la situación estructural del monte español y al aumento creciente del número de incendios de origen humano hay que sumarle ahora el problema del cambio climático. El cambio climático, según dicen los expertos, es el responsable de la subida de las temperaturas medias, de incremento de olas de calor y del aumento en la sequedad del suelo, provocando periodos de escasez de agua más frecuentes, lo que ocasiona una mayor desecación de la vegetación y por tanto un aumento de su inflamabilidad. En este contexto los incendios son y serán cada vez más virulentos y difíciles de extinguir, quedando fuera de la capacidad de extinción con los medios tradicionales llegando a suponer un auténtico riesgo para la seguridad ciudadana.

Si las causas son diversas y complejas y parten de problemas generados hace décadas, las soluciones han de ir dirigidas en varias direcciones y tener una visión a medio y largo plazo.

Propuestas para evitar los incendios forestales

  • Más y mejor gestión forestal.

Ya que la mayoría de nuestras masas forestales son producto de una intensa actividad humana, esta actividad debe asegurarse para mantener en valor los montes, asegurar la producción de bienes y servicios, ayudar al desarrollo rural y prevenir problemas y perturbaciones que afectan a estos ecosistemas: incendios, vendavales, plagas, cambio climático, etc.. Para ello, es importante priorizar la heterogeneidad ambiental, tanto en estructura (diversidad de edades de los árboles) como la  diversidad (específica y genética) que característica a los ecosistemas forestales. La gestión forestal debe integrar la prevención de incendios, centrando los esfuerzos y las inversiones en  la gestión del combustible, evitando tanto su exceso como su continuidad. Esto no significa eliminar todo el sotobosque ni retirar toda la madera muerta. Hay que evitar referirse a esta gestión preventiva del combustible como “limpieza de montes”.  El uso del fuego para este cometido, en forma de quemas prescritas, puede ser una herramienta que evite males mayores.

En las zonas de montaña y tradición ganadera, las quemas controladas y los desbroces mecánicos, pactados previamente con los sectores implicados, deben sustituir a las fuegos provocados para regenerar pastos o detener el avance del matorral.

Los expertos señalan que debido al cambio climático se está produciendo un incremento de los índices de riesgo de incendio por lo que esta variable ha de incluirse en cualquier plan de gestión forestal. Por ello, es hay que tener en cuenta el cambio climático como una variable más a la hora de establecer las directrices de la gestión forestal y las estrategias de prevención de incendios. Cada vez se habla más de selvicultura adaptativa al cambio climático.

Se han de planificar programas de reforestación que tengan en cuenta de forma prioritaria el riesgo de incendios a la hora de elegir las especies nativas adecuadas. La elección de especies, así como su diversidad genética, debe tener en cuenta los nuevos escenarios de cambio climático y la mayor incidencia de plagas.

Para estos cometidos es preciso fomentar la ampliación, creación de empleo forestal estable, profesionalizando las labores de prevención, detección y extinción, estableciendo planes de formación, a la vez que se incrementa la seguridad. Un empleo basado en la conservación de las masas forestales y la prevención frente a los incendios forestales, es la mejor medida de protección al monte y de control de la industria de la extinción y reforestación para que sus beneficios no dependan directamente del aumento del número y extensión de los incendios.

  • Mejorar la actuación de las Administración Públicas

El papel de las administraciones públicas es fundamental ya que su actuación abarca desde el ámbito de la legislación, la gestión, la participación en los procedimientos penales hasta los programas de sensibilización.

Estas instituciones deben promover medidas (legislativas, urbanísticas, laborales, de seguimiento, etc.) que eviten efectos perversos como la economía del fuego o los posibles intereses económicos tras los incendios forestales. Es importante, evitar la depreciación y especulación de precios de la madera quemada, evitar la temporalidad de los trabajadores en extinción y asegurar el cumplimiento de la legislación forestal y penal que prohíbe los cambios de uso tras los incendios.

Pero también es necesario que las CC.AA. se personen como parte interesada en los procesos penales abiertos por incendios forestales, haciendo un seguimiento de los mismos hasta el final. Dándose la máxima publicidad posible tanto a las detenciones consecuencia de las investigaciones, como a las sentencias condenatorias y sanciones por actos que hayan provocado incendios forestales.

  • Más medios para la investigación y enjuiciamiento de los responsables de incendios.

Aunque en los últimos años las Fiscalías de Medio Ambiente están haciendo una labor encomiable, todavía se desconoce un gran porcentaje de las causas de los incendios forestales. La investigación es clave para abordar la prevención. Es necesario que se refuercen los medios materiales y humanos necesarios en todos los ámbitos que intervienen en el proceso de investigación y persecución del delito y que se coordinen entre sí: seprona y brigadas de investigación, fiscales apoyados con peritos especializados, etc. de manera que se pueda enjuiciar a los incendiarios y evitar que los casos acaben siendo sobreseídos por falta de pruebas y los culpables quedan en libertad.

También un seguimiento de los procedimientos abiertos y crear un registro sobre la respuesta penal, en años de cárcel impuestos, por incendios de bosques y montes.

Es fundamental, realizar una oportuna detección, seguimiento y control de la patología de piromanía, diferenciándola claramente de otros trastornos y anomalías psíquicas relacionadas con el alcoholismo, la toxicomanía o con comportamientos antisociales. Los primeros deben ser ayudados mediante un internamiento post delictivo en centros especializados, especialmente en los periodos estivales, cuando su disfunción es más peligrosa socialmente.

Hay que reformar el Código Penal de manera que se castigue toda imprudencia relacionada con el incendio forestal sin exigir que ésta sea necesariamente grave. Y que esto también sea aplicable a en empresas que por no adoptar precauciones debidas dan lugar a incendios forestales.

  • Colaboración ciudadana                     

Los ciudadanos deben extremar las precauciones cuando hacen uso del medio rural y forestal. Hay que respetar las prohibiciones a la hora de hacer fuego,  no cometer imprudencias (cerillas, colillas mal apagadas..) y no abandonar basura en el monte y colaborar con las autoridades en caso de que sospechemos que alguien está originando un incendio.

Es imprescindible seguir apelando a la colaboración ciudadana para identificar a los incendiarios, sobre todo teniendo en cuenta que la gran mayoría de las veces los incendiarios son vecinos del municipio afectado y que en el medio rural se suele conocer quién está en el origen del fuego. 
Los ciudadanos y las ciudadanas tienen que asumir su responsabilidad en la protección de los bosques. Desde las administraciones, desde los centros de enseñanza, se han de promover consejos para la prevención de los incendios.

¿Qué puedes hacer tú?