40 millones de personas dependen de los bosques para su supervivencia en la República Democrática del Congo.
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El término madera de conflicto o madera de la guerra fue utilizado por primera vez en el año 2000 en un informe del Panel de Expertos de Naciones Unidas sobre la Explotación Ilegal de los Recursos Naturales y otras Fuentes de Riqueza en la República Democrática del Congo.
La ONG británica Global Witness define la madera de conflicto como
aquella "madera que ha sido utilizada en algún punto de su cadena de
custodia por grupos armados, por facciones rebeldes, soldados regulares
o de la administración civil, con el objeto de perpetuar un conflicto o
beneficiarse en provecho propio de las situaciones de conflicto".
Actualmente, la madera procedente de regímenes dictatoriales, fuerzas
de ocupación o facciones rebeldes en países en conflicto, como
Colombia, Birmania (Myarmar), Liberia o República Democrática del Congo, es
considerada bajo esta definición.
Desde
finales de la década de los 90 el problema de la madera de la guerra
era motivo de preocupación tanto de las ONG como de las instituciones
internacionales. Un informe del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas dado a conocer en diciembre de 2000, señaló que "...la industria
forestal en Liberia está envuelta en variedad de actividades ilícitas y
gran cantidad de sus ingresos son utilizados para pagar actividades no
presupuestadas, incluyendo la adquisición de armamento".
Liberia
Pese a existir un embargo del comercio de armas hacia
Sierra Leona, varios países de la zona estaban implicados en la
provisión de armamento a cambio de diamantes y otras materias primas,
estando implicados los gobiernos y, también, la industria forestal que
opera en Liberia.
El 6 de mayo de 2003, el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas aprobó por unanimidad un embargo de madera como
forma de poner fin al papel del comercio de madera liberiana en la
financiación de la máquina de guerra del Presidente de Liberia Charles
Taylor. La decisión renueva las sanciones existentes impuestas a
Liberia e incluye por primera vez una prohibición de todas las
exportaciones de madera que se hizo efectiva el 7 de julio de 2003.
Las
sanciones a las exportaciones de madera de Liberia se producen tras una
intensa campaña de Greenpeace y otras organizaciones (en especial la
organización británica Global Witness) y sienta un importante
precedente para combatir las causas profundas de la destrucción de los
Bosques Primarios en África Occidental. Además, esto supone por primera
vez el reconocimiento del papel que juegan los recursos forestales en
los conflictos bélicos.
Madera de Teca. Birmania (Myarmar)
En el 2004, Greenpeace elaboró un informe donde alerta al consumidor para que rechace las ofertas de muebles de teca y otras especies tropicales cuando no existan suficientes garantías de que el producto procede de la gestión forestal sostenible desde criterios sociales y ambientales exigentes.
El resultado de la investigación de los voluntarios de Greenpeace es que los vendedores y distribuidores de muebles de teca en España tienen escasa o nula información sobre la procedencia y bondad ambiental del mobiliario de jardín fabricado en esta madera. Aunque los responsables de estos establecimientos afirman que sus muebles proceden de maderas de plantaciones controladas por el Gobierno de Indonesia (en las islas de Sumatra, Java y Bali), la práctica mayoría desconocen que el origen de las plantaciones es la tala y quema de los bosques naturales tropicales. Además, en muchos casos las extensas plantaciones de teca se implantan con oposición de la población local.
En el sureste asiático, de donde proceden la mayor parte de los muebles de teca que se venden en España, la depredación de los recursos forestales, la corrupción política, la tala ilegal y la deforestación dominan el sector forestal. En el caso de la teca procedente de la antigua Birmania (hoy Myarmar), la dictadura militar utiliza la madera como moneda de cambio para armarse y mantenerse en el poder, en lo que internacionalmente se denomina “madera de conflicto”.
Pero no toda la teca está bajo sospecha ya que existen bosques certificados con el sello ecológico conocido por las siglas FSC (Forest Stewardship Council, o Consejo de Administración Forestal). Este sistema de certificación es actualmente la mejor iniciativa que se está llevando a cabo para mejorar la gestión forestal y conservar los bosques del planeta. Otras maderas como el padouk procedente de los bosques de las Islas Salomon, el roble boliviano, el merbau, el meranti y el lauan de explotaciones forestales del Sureste asiático todas ellas con el certificado forestal FSC, son también una alternativa. Greenpeace también ha encontrado muebles de teca con el sello FSC en su investigación.