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Sólo en Brasil, la Selva Amazónica es también el hogar de 20 millones de personas, incluyendo, aproximadamente, 180.000 amerindios y muchos más caboclos (habitantes tradicionales del bosque de origen amerindio y portugués). Estas comunidades dependen del bosque para vivir. La selva les proporciona de todo, desde comida y resguardo, a herramientas y medicinas; y también juega un papel crucial en su cultura y sistema de creencias religiosas.
"Tengo como única herencia el bosque y los dolores de mi padre. Si el bosque se destruye sólo quedará el dolor". Raimundo Silva. Lider de la comunidad de Piquia, Amazonía
Es hora de actuar
El 15 por ciento de la Selva Amazónica ha sido ya destruida. Desde 1970, un área semejante a la superficie de Francia se ha perdido. Y una parte importante de lo que queda está bajo amenaza.
Desde 1992, cuando Brasil organizó la Cumbre de la Tierra de Río, se ha hecho muy poco para proteger la Selva Amazónica. Entre 1990 y 1995 la Amazonía perdió algunos millones de hectáreas de bosque natural. Al mismo tiempo, Brasil aumentó un 20 por ciento su producción industrial de madera. Mucha de esta madera vendría de la destrucción y degradación de la Selva Amazónica.
El 80% de la madera producida en la Amazonia Brasileña se explota ilegalmente (cifras publicadas por el Gobierno Nacional Brasileño en 1997). A pesar de estos datos, países importadores como EE.UU., Italia, Francia, Reino Unido, China y Japón, no han tenido iniciativas para asegurar la procedencia legal de la madera.
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