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Sólo en Brasil, la Selva Amazónica es también el hogar de 20 millones de personas, incluyendo, aproximadamente, 180.000 amerindios y muchos más caboclos (habitantes tradicionales del bosque de origen amerindio y portugués). Estas comunidades dependen del bosque para vivir. La selva les proporciona de todo, desde comida y resguardo, a herramientas y medicinas; y también juega un papel crucial en su cultura y sistema de creencias religiosas.
Es hora de actuar
En las últimas cuatro décadas, sólo en Brasil, la Amazonia ha perdido unos 700.000 km2 de su superficie, un área más grande que toda Francia.
Las causas de la deforestación en la Amazonia son diversas, pero el punto de partida en la mayoría de los casos es la tala ilegal. La explotación forestal abre grandes áreas de bosque primario en busca de maderas de alto valor comercial, degradando el bosque y dejando atrás una red de caminos que permiten el acceso a invasores con títulos de propiedad falsos que queman los árboles restantes para limpiar el terreno.
En otros casos los colonos llegan primero, demarcan la tierra y financian sus nuevas explotaciones agrícolas vendiendo la madera comercial a las empresas madereras. En estos casos son los beneficios económicos de la actividad forestal ilegal los que permiten a los colonos establecerse en sus nuevas propiedades. Tala ilegal y deforestación son las dos caras de la misma moneda.
Según estimaciones del Gobierno Federal Brasileño, más del 90% de la madera procedente de la Amazonia se tala con métodos no sostenibles. Greenpeace estima que entre el 63 y el 80% de la madera extraída en esta región tiene un origen ilegal.
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