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Varios activistas de Greenpeace desplegan una pancarta de más de 120 
metros cuadrados en la planta incineradora de Son Reus en la isla de 
Mallorca con el lema “quemar basuras contamina”.

Varios activistas de Greenpeace desplegan una pancarta de más de 120 metros cuadrados en la planta incineradora de Son Reus en la isla de Mallorca con el lema “quemar basuras contamina”.

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INDUSTRIA
Desde que comenzó el desarrollo de la industria química, se calcula que se han producido y diseminado en el medio ambiente aproximadamente 100.000 nuevas sustancias químicas. Además, cada año esta cifra se va incrementando en 1.000 nuevas sustancias. El conocimiento del impacto de estas sustancias sobre el medio ambiente y la salud humana es escaso y, en la mayoría de los casos, no existe.

Hemos creado un desarrollo industrial sobre el planteamiento erróneo de que el planeta puede asumir los altos niveles de contaminación a los que lo sometemos y a estas alturas estamos alcanzando un deterioro medioambiental sin precedentes. Las organizaciones ecologistas han advertido durante decenas de años de que es necesario un cambio en el concepto de desarrollo que definitivamente lo desvincule del deterioro medioambiental. Es urgente adoptar el principio de precaución y abandonar el modelo actual centrado en lo que llamamos soluciones de “final de tubería”.

Estas soluciones buscan reparar o “controlar” el daño en lugar de eliminarlo. Pero muchas sustancias químicas peligrosas no son controlables y terminan en los ríos, en los seres vivos acuáticos y así entran en la cadena alimentaria. Por eso, nos encontramos ahora con unos altos niveles de contaminación química en el agua y con cientos de sustancias sintéticas en los tejidos de los seres humanos. La depuración no es “la solución”, sino sólo una parte de ella. Carece de relevancia si no está acompañada de medidas desde el origen. Sólo no vertiendo sustancias contaminantes evitaremos que se acumulen en el agua.

La única vía de asegurar la vida de nuestros ríos y mares como recurso pasa por la producción limpia. Esto implica que no se utilicen sustancias peligrosas en los procesos de fabricación y que no se liberen sustancias peligrosas durante el uso de los productos ni cuando se convierten en residuo.

GESTIÓN DE RESIDUOS
La generación de residuos municipales no deja de crecer, a pesar de que se ha alertado de los graves riesgos que esto conlleva de saturación y contaminación. Cabe destacar la grave crisis que está sufriendo Nápoles al respecto, consecuencia de fallidas políticas de residuos. La situación napolitana es hoy anecdótica, pero el imparable crecimiento de basuras podría convertirla en habitual. En España, la gestión de los residuos es aún muy deficiente y muy dependiente de los tratamientos finalistas (vertederos e incineradoras).

Desde el año 1996 hasta los últimos datos de que se disponen, de 2005, el crecimiento total de residuos urbanos en España ha sido del 46%. En cuanto a la evolución de la producción de residuos por habitante y día, para eliminar el crecimiento derivado del aumento de población, observamos que hemos pasado de generar 1,06 Kg diarios a 1,39Kg, un aumento del 31,1%. Este crecimiento se produce, además, cuando el Plan Nacional de Residuos 2000-2006 establecía como objetivo reducir los residuos a la cota de 1996.

Según los datos del Ministerio de Medio Ambiente, el 74,3% de los residuos urbanos generados acaban quemados en incineradora o enterrados en vertederos.

HIDROCARBUROS
La extracción, el refino, el transporte y el uso de hidrocarburos es una fuente muy importante de contaminación ambiental, y en concreto, tiene grandes impactos sobre el medio marino.

El vertido de hidrocarburos y otras sustancias relacionadas con su procesado provocan la contaminación de la costa y de los océanos con consecuencias sobre la fauna marina y la biodiversidad.

La contaminación por hidrocarburos en su extracción y tratamiento se relaciona muy directamente con la emisión a la atmósfera y al agua de sustancias tan contaminantes como el CH4 (metano) o el CO2 (dióxido de carbono) que inciden sobre el cambio climático o tan peligrosas para la salud humana como los PAHs (hidrocarburos aromáticos policíclicos), el benceno, los compuestos organoclorados y varios metales pesados.