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El principal responsable del incremento del efecto invernadero es el CO2 (dióxido de carbono).
Nuestro planeta está sufriendo un proceso acelerado de calentamiento global, debido a la acumulación en la atmósfera de una serie de gases que, procedentes de actividades humanas, retienen el calor que recibimos del sol, actuando como un abrigo o un invernadero.
El principal responsable del incremento del efecto invernadero es el CO2 (dióxido de carbono), que se produce fundamentalmente en la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) para obtener energía.
En los últimos cien años, el nivel del mar se ha elevado en 18 cm. De no reducirse las emisiones de gases invernadero, el aumento del nivel del mar en el Mediterráneo será de cerca de 1 metro. Como consecuencia de esta subida se producirá un retroceso generalizado de la línea de costa: ciudades costeras, puertos y playas se verían gravemente afectados por esta subida del nivel del mar. Las estimaciones hablan de la posible pérdida de 3.000 km de playas en todo el planeta. Las zonas más amenazadas serán aquellas que sufren una profunda regresión, como la del Maresme, el Garraf o la Costa Dorada en Cataluña, el Saler en Valencia, la playa de Peñíscola en Castellón o Isla Canela en Huelva.
La principal fuente de CO2 en España son las centrales térmicas. Según datos de Greenpeace, existen 34 proyectos de nuevas térmicas, que podrían emitir como mínimo de 66 a 78 millones de toneladas de CO2 al año. Las centrales térmicas son responsables de la emisión de más de 100 millones de toneladas de CO2 al año. Las previsiones del Gobierno, a través del Plan de Infraestructuras Eléctricas y Gasistas darán lugar a un aumento de las emisiones derivadas de la generación de electricidad hasta alcanzar cerca de 120 millones de toneladas en 2010, un aumento del 58% respecto a 1990 (año de referencia del Protocolo de Kioto).
Además de esta gravísima amenaza, tanto las plantas de refinado de petróleo como las centrales térmicas se ubican en su gran mayoría en la costa, debido a su mejor accesibilidad y a que utilizan como combustible, petróleo, carbón o gas natural importados que llegan a los puertos españoles. Otra de las ventajas de estar en la costa es que obtienen el agua necesaria para la refrigeración directamente del mar.
Según el Plan Nacional de Costas, más del 60% de las perjudiciales centrales térmicas (contando las existentes y las proyectadas hasta 2006) están ubicadas en la costa. Su impacto sobre el medio costero es muy grande: consumen suelo costero, vierten agua de refrigeración caliente y con sustancias tóxicas, en muchos casos alteran la costa con diques y puertos, se producen vertidos en la descarga de combustible, y sobre todo e independientemente de su localización, tal y como explicabamos anteriormente, contaminan la atmósfera al usar combustibles fósiles y contribuyen al calentamiento global y al cambio climático y por tanto, a la desaparición de la costa, ya que una de las principales consecuencias del cambio climático es la subida del nivel del mar.
El papel de las administraciones. La opinión de Greenpeace
España y la Unión Europea han ratificado este año el Protocolo de Kyoto, que limita las emisiones a la atmósfera para reducir los efectos del cambio climático.
España lleva superando los límites de emisiones tantos años y en un porcentaje tan elevado (actualmente, más del doble de lo permitido por Kyoto, en la mitad de tiempo), que deberá modificar radicalmente su política energética y climática para poder cumplir las obligaciones asumidas al ratificar el Protocolo de Kyoto. Nuestro futuro y el de nuestras costas están en juego.
Recientemente, la Dirección General de Costas ha expresado su intención de luchar contra los efectos del cambio climático en nuestras costas, para ello propone recuperar el dominio público y regenerar las playas. La primera de las medidas es más que correcta, y no es más que el mandato de la Ley de Costas, pero respecto a la segunda, la regeneración de playas, Greenpeace cree que es hora de que el Ministerio de Medio Ambiente de un giro de 180 grados a su política y abandone las regeneraciones con aporte artificial de arena y aplique métodos más naturales que garanticen el futuro de las playas.
Greenpeace mantiene desde hace años una activa campaña para intentar detener el cambio climático. El abandono de las energías sucias y el apoyo a las energías renovables (solar, eólica) constituye la mejor apuesta para proteger la costa.