La saturación de instalaciones portuarias, que rellenan la costa de hormigón, desdibujándola y alterando gravemente los procesos naturales, es una constante que se repite a lo largo del litoral.
Los diques de abrigo que se construyen para protegerlos, son una
barrera física que intercepta artificialmente las corrientes marinas y
por tanto, el transporte de la arena, que termina depositándose a un
lado del dique, penetrando en numerosas ocasiones en los puertos y
colmatándolos. Esto obliga a que sean dragados de forma sistemática
para retirar la arena acumulada. Asistimos entonces al vertido de
arena, generalmente muy contaminada por combustibles, aguas residuales,
aceites, disolventes y pinturas, de nuevo al mar. Incluso en algunos
casos, se utiliza para regenerar playas.
De los muchos proyectos de puertos comerciales que amenazan a nuestro litoral quizá el peor de todos sea el de un nuevo
puerto industrial en Granadilla,
al sur de Tenerife, que destruirá 6 kilómetros de un litoral en
excelente estado de conservación consagrado al turismo y la naturaleza.
También destaca por el posible impacto negativo que tendrá en un
enclave privilegiado el proyecto presentado para un puerto exterior en
Pasajes, Gipuzkoa, donde se pretende realizar un "puerto isla" para
separarlo de los acantilados protegidos de Jaizkibel. Con esto no se
evitaría los problemas ambientales inherentes al puerto exterior, ya
que la obra irá acompañada de grandes rellenos, supondrá un incremento
exponencial de la contaminación y tendrá un efecto igualmente
significativo sobre el régimen de corrientes y la llegada de sedimentos
a las costas aledañas.
Un dato a añadir a este tema, es la seguridad marítima, la inversión
del Ministerio de Fomento en Puertos del Estado no ha dejado de crecer
un solo año desde 1996, el importe dedicado a ampliar las instalaciones
portuarias entre 1996 y 2003 ha aumentado un 507.5%, pero ¿qué parte se
ha dedicado a la seguridad marítima? La respuesta indica que se ha
producido un descenso en las inversiones y un abandono de los medios
disponibles. La catástrofe ocasionada por la gestión del accidente del
Prestige es la prueba más elocuente de esta realidad.
Otra de las grandes preocupaciones sobre instalaciones portuarias son
los nuevos proyectos de puertos deportivos, que con el beneplácito del
Ministerio de Medio Ambiente, contaminarán un poco más las aguas y
playas adyacentes e impedirán que la preciada arena llegue a las playas
que tantos miles de turistas disfrutan durante todo el año.
El abanico de impactos negativos asociado a los Puertos deportivos es
extenso: ocupan terrenos públicos, alteran irreversiblemente la línea
de costa, impiden la deposición de arena en las playas y crean zonas
con poca circulación del agua donde la vida marina desaparece
irreversiblemente. Es frecuente encontrar promociones urbanísticas
asociadas a la construcción de puertos deportivos, que agravan más los
negativos efectos de estas instalaciones.
Nos ha llamado especialmente la atención la ampliación propuesta para el
puerto deportivo "Luis Campomanes" en Altea (Alicante) (informe en pdf). Tras él se esconde una gigantesca operación
inmobiliaria, y de llevarse a cabo la ampliación afectará a una pradera
de Posidonia oceanica, la auténtica joya del Mediterráneo.
Ejemplos de playas perdidas por construcción de instalaciones naúticas
PLAYA DE RIHUETE - PUERTO DE MAZARRÓN (MURCIA)
PLAYA LISSA - PUERTO DE SANTA POLA (ALICANTE)
PLAYA DE RIBES ROGES - PUERTO DE VILANOVA Y LA GELTRÚ (BARCELONA)
PLAYA DE SAN ANT. DE CALONGE - PUERTO DE PALAMOS (GIRONA)
PLAYA DE CARIÑO - PUERTO DE FERROL (EN CONSTRUCCIÓN) FERROL
El papel de las administraciones. La opinión de Greenpeace
Los proyectos de ampliación de puertos comerciales se están
multiplicado y los nuevos puertos deportivos florecen por toda la costa.
Cataluña y Baleares son las dos únicas Comunidades Autónomas de las
diez con litoral presentes en el Estado Español, que han decretado una
moratoria sobre la construcción de nuevos puertos deportivos. En el
resto, este tipo de infraestructuras turísticas se ha convertido en lo
que podríamos llamar una "plaga", si atendemos a sus efectos dañinos
que causan en el litoral.
Greenpeace lleva 10 años demandando una moratoria a la construcción de
nuevos puertos deportivos. Pero no parecen soplar vientos que empujen
nuestra propuesta, desde el Ministerio de Medio Ambiente se publicita
en la prensa que "[el propio Ministerio] no va a ser un obstáculo para
que la construcción de nuevos puertos se lleve a buen término",
señalando incluso que en algunas zonas del litoral, hay pocos.
Debemos ser conscientes de los puertos deportivos, diques, espigones y
demás obras en el litoral suponen la destrucción y alteración de éste,
y que, por tanto, son incompatibles con su conservación. Situaciones
como la de Catalunya, con un puerto cada 15 kilómetros, no son viables.
Además, muchos de estos puertos incumplen la obligación de restituir y
acondicionar las playas han dañado.
Si tenemos en cuenta que la actividad del sistema portuario español
aporta anualmente tan sólo el 1.1% del Producto Interior Bruto
nacional, parece un poco desmedida la cantidad de dinero dedicada a
ampliar los puertos.