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Protesta en la playa de Calpe, Alicante

Protesta en la playa de Calpe, Alicante

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El litoral constituye la principal causa de afluencia de visitantes extranjeros a España, y justifica la mayor parte de los viajes de los españoles.

El turismo supone el 12% del Producto Interior Bruto, siendo por tanto, uno de los pilares básicos de la economía española.

Cada vez es mayor el número de personas que viven en el litoral durante todo el año. Los datos de densidad de población lo confirman: España tiene una densidad media de población de 77 hab/km2 aproximadamente, frente a una densidad media en los municipios costeros de 350 hab./km2, es decir, 5 veces superior. Esta cifra puede llegar a ser 12 veces mayor durante la temporada turística.

Son dos las características principales del turismo español: la estacionalidad y el modelo de "sol y playa". La estacionalidad hace que la mayor parte de los turistas se concentren en un periodo concreto de tiempo: de junio a septiembre. El modelo de "sol y playa", impone una gestión que se ha demostrado insostenible para el litoral español.

A pesar de que todos los indicadores están lanzando señales de alarma porque el modelo actual de turismo masificado no se sostiene, - lo que ha hecho que decaiga esta actividad-, los promotores siguen ajenos a esta realidad arañando metro a metro los pocos espacios vírgenes que le quedan a la costa.

La urbanización en primera línea de playa ha destruido más del 25% de los principales elementos de la costa tan sólo en el litoral mediterráneo. Estos elementos costeros se agrupan en valiosísimos ecosistemas (dunas, deltas, humedales) en muchos casos amenazados a pesar de estar protegidos.

El aumento de la población residente o veraneante ha conducido a una mala gestión y en muchos casos al agotamiento de los recursos hídricos.

La contaminación urbana en la costa se ha disparado y no existen los mecanismos adecuados para combatirla: no existe una buena depuración de las aguas residuales, lo que se traduce en una degradación de los recursos naturales y del paisaje.

El turismo de sol y playa exige nuevas instalaciones que agravan aún más la situación del litoral: nuevos puertos deportivos, nuevos campos de golf que requieren ingentes cantidades de agua.

Pero para empeorar mas esta situación a finales del pasado año se realizó una modificación de la Ley de Costas encubierta dentro de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos Generales del Estado. La modificación aprobada supedita la protección de la costa a los planes urbanísticos de los ayuntamientos, animando así la especulación urbanística y olvidándose completamente de la protección y conservación de nuestras dañadas y frágiles costas.