Adiós a las bombas de Racimo
El pasado mes de mayo, en Dublín, 111 Gobiernos aprobaron por consenso el texto del Tratado que prohibirá las bombas de racimo. El texto se abrirá a la firma de los Estados el próximo mes de diciembre, en Oslo, y sólo será necesaria la firma y ratificación de 30 Estados para que entre en vigor. A partir de ese momento, será ilegal la fabricación, uso, venta o almacenamiento de todos los tipos de bombas de racimo.
El texto que se ha logrado es el que reclamaba la sociedad civil: sin excepciones, sin lagunas ni retrasos para su entrada en vigor. Nada de esto se hubiera logrado sin la presión de esta sociedad civil. Greenpeace España se ha unido en este esfuerzo a la Coalición internacional contra las Bombas de Racimo (CMC, por sus siglas en inglés), que agrupa a más de 200 organizaciones de todo el mundo. Todas ellas han movilizado opiniones públicas, han sensibilizado, han presionado a sus Gobiernos y han logrado, finalmente, su objetivo: un Tratado integral que significa no sólo la prohibición, sino la condena moral de este tipo de armas.
Por qué es urgente prohibir las bombas de Racimo
Estas armas actúan de forma indiscriminada, no distinguen entre blancos civiles y militares y siguen causando muertos y heridos mucho tiempo después de que un conflicto haya finalizado.
Además de las muertes que se producen durante y después de las operaciones, tienen graves consecuencias socioeconómicas para las poblaciones que viven en esas zonas. Durante largo tiempo desde que acaba el conflicto, impiden el uso de carreteras, el acceso a las escuelas y hospitales, y el desarrollo de la agricultura en países donde ésta es crucial para la supervivencia.
Desde los años sesenta, este armamento ha sido utilizado en numerosas guerras y también en varios de los conflictos más recientes: Kosovo (1999), Afganistan (2001), Irak (2003) y Líbano (2006). Así como en países africanos como Sudán y Sierra Leona, entre otros.
Se trata de armas contrarias a las disposiciones generales de los Convenios de Ginebra al violar el principio de discriminación entre civiles y militares.
En torno a 100.000 personas han muerto como consecuencia de las bombas de racimo, un 98% de ellos civiles.
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