Las bombas de racimo se usaron en el ataque de las fuerzas de la OTAN sobre Yugoslavia y Kosovo en 1999. En marzo, y después de presionar sin éxito al Gobierno de Yugoslavia para que retirara a sus fuerzas de la provincia de Kosovo, la OTAN inició acciones militares en aquel territorio. Los bombardeos duraron 43 días hasta que, a principios de junio, el ex presidente Slobodan Milosevic anunció la retirada.
De las 26.000 bombas que se lanzaron sobre estos territorios, casi 1.800 eran bombas de racimo, que dispersaron un número cercano a 300.000 municiones. Los objetivos fueron puestos militares, vehículos en las carreteras, concentraciones de tropas, unidades blindadas y centros de telecomunicaciones. Entre 100 y 150 civiles murieron como consecuencia de estos ataques.
El Centro de Coordinación sobre Minas de la Misión de Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK) asegura haber destruido más de 18.000 municiones de racimo entre 1999 y 2005. Todas las zonas donde se tenía conocimiento de su existencia fueron limpiadas de acuerdo a los estándares internacionales aunque UNMIK sigue encontrando municiones en zonas donde no se esperaba que aparecieran.