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Bombas de racimo sin explotar como esta, modelo BLU63 y fabricada en 
EE UU, están esparcidas por el desierto del Sahara Occidental. Estas 
bombas, fueron transferidas en los años setenta desde EE UU a las 
fuerzas aéreas de Marruecos, quien las usó contra el Frente Polisario.

Bombas de racimo sin explotar como esta, modelo BLU63 y fabricada en EE UU, están esparcidas por el desierto del Sahara Occidental. Estas bombas, fueron transferidas en los años setenta desde EE UU a las fuerzas aéreas de Marruecos, quien las usó contra el Frente Polisario.

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España es uno de los países cuyo ejército todavía posee este tipo de armas. Y varias empresas españolas figuran entre los productores. Aunque la opacidad del comercio de armamento hace imposible saber a qué países se venden estas bombas y si han sido usadas en algún conflicto, su peligro potencial exige prohibir su fabricación y venta.

Además, en los últimos años el ejército español ha participado en numerosas misiones de paz y la desactivación y recogida de las submuniciones esparcidas en el terreno es una de sus principales tareas, y uno de los mayores riesgos que asumen (la misión en Líbano es sólo el último ejemplo de esto).

Es absurdo que en España se sigan fabricando, comprando y vendiendo armas que suponen un riesgo tan letal para las poblaciones civiles, además de una complicación añadida en las misiones internacionales en las que participa.