El Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), que se firmó en 1968 y entró en vigor en 1970, es el único mecanismo legal vinculante en el que los Estados nucleares se comprometen a eliminar sus arsenales.
El TNP se alcanzó mediante un pacto. Bajo los términos del mismo, los Estados nucleares accedieron a eliminar sus arsenales nucleares mientras, a cambio, los Estados no nucleares accedían a no fabricar o adquirir armas atómicas.
El TNP no ha cumplido su objetivo de eliminar las armas nucleares en un plazo de 25 años. Han pasado casi cuarenta y éste sigue siendo un problema real. Esto se debe, en parte, a que los Estados nucleares se han negado a cumplir con su parte del trato. Pero también se debe a que el texto no es perfecto, y su contenido presenta una gran contradicción.
El artículo 4 del TNP incluye una referencia a la energía nuclear como un “derecho inalienable” de los países. En otras palabras, trata de eliminar las armas nucleares pero al mismo tiempo reivindica el derecho de los países a acceder a los materiales que pueden hacerlas realidad. Greenpeace ha defendido siempre que esto es absurdo e indefendible, y que no se puede promover la energía nuclear al tiempo que se pretende controlar la proliferación de armas nucleares.
En el
año 2000 se produjeron algunos progresos, y todos los Estados parte del Tratado acordaron 13 medidas concretas para el desarme sistemático y progresivo, los llamados
13 Pasos Prácticos.
En
2005, sin embargo, la Conferencia de Revisión del TNP celebrada en Nueva York fue un fracaso absoluto.
- Puntos clave del Tratado.