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Corea del Norte fue sospechosa de pretender desarrollar un programa de armas nucleares hasta 1994, cuando firmó un acuerdo con EE UU para congelar todas sus actividades. El enfoque de la Administración Clinton hacia esta cuestión fue una mezcla de sanciones e incentivos que tuvo ciertos resultados. Durante su periodo de gobierno, Corea del Norte no produjo más plutonio, no llevó a cabo pruebas nucleares ni fabricó armas de este tipo.

La situación cambió con la llegada al poder de George W. Bush y especialmente después del 11-S, cuando Corea del Norte fue incluida, junto a Irán e Irak, en un hipotético “eje del mal” con el que no se iba a negociar.

En diciembre de 2002 Pyongyand reinició el funcionamiento de su reactor nuclear en Yongbyon. Los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) fueron expulsados y, en enero de 2003, el país se retiró del TNP. A principios de 2005, Pyongyang anunció que había producido armas nucleares aunque, hasta ahora, no había realizado ensayos.

El 14 de octubre de 2005 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad el establecimiento de sanciones contra Corea del Norte, que incluyen congelar activos financieros, inspecciones de barcos y un embargo para los viajes internacionales de ciertos altos cargos y para el comercio de bienes de lujo y armas convencionales pesadas con aquel país. Es difícil, sin embargo, predecir si tendrán éxito, ya que Corea del Norte podría responder endureciendo aún más su posición.