El programa nuclear iraní data de los años cincuenta, bajo el mandato del sah Mohamed Reza Pahlevi, y durante años recibió apoyos diversos de EE UU, Francia y Alemania. Esta situación, sin embargo, cambió después de la revolución, cuando Irán se convirtió en un competidor estratégico de EE UU en esta zona del mundo.
Esto muestra los riesgos de alentar la proliferación: cuando cambian las relaciones entre los gobiernos, en ocasiones hay que arrepentirse de las decisiones tomadas.
La última fase de esta
crisis comenzó en 2002, cuando un disidente iraní denunció la existencia de dos plantas nucleares secretas, a las que no había tenido acceso el
Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) durante 18 años. Esto despertó en algunos sectores sospechas sobre el objetivo del programa: Teherán defiende que sólo tendrá un uso civil (aunque juega esta carta de forma ambigua), pero desde la UE y especialmente desde Estados Unidos e Israel se teme que más tarde pueda producir armas nucleares.
Irán ha firmado el
TNP y en 2003 también firmó el
Protocolo Adicional. Además, ha firmado un Acuerdo de Salvaguarda que permite inspecciones internacionales más estrictas. Sin embargo, considera insuficientes las ofertas que recibe desde la comunidad internacional, a la que acusa de querer ganar tiempo sin hacer concesiones reales. Por eso, y después de una suspensión temporal, reanudó sus actividades de enriquecimiento de uranio y ha retirado su firma del Protocolo Adicional. Sin embargo, sigue cooperando con el OIEA.
Hoy Irán es un país poderoso que puede ejercer un papel importante en la estabilidad de la región. Es el país más reforzado por los errores geoestratégicos cometidos por la Administración de George W. Bush, que eliminó a dos de sus principales enemigos: los talibán en Afganistán y Sadam Husein en Irak. Y lo ha sido aún más por el desenlace del enfrentamiento entre uno de sus mayores enemigos, Israel, y un fuerte aliado, la milicia libanesa de Hezbolá.
Sin embargo, Irán considera que se le trata con un doble rasero. Por un lado, está rodeado de estados nucleares (India, Pakistán e Israel), que no forman parte del TNP y han desarrollado su armamento sin recibir sanciones internacionales. Por otro, argumenta que la producción de energía nuclear de uso civil es su “derecho inalienable” en el marco del TNP y que no puede aceptar normas que no se aplican a otros.
Si se le ofrece diálogo puede ser un actor responsable y contribuir a la paz y la estabilidad. Por el contrario, si se siente amenazado tiene un gran potencial desestabilizador a través de su influencia en los chiíes de Irak y su ascendiente sobre Hezbolá y el movimiento palestino Hamás. Y una nueva crisis es lo último que necesita Oriente Medio. Además todos los informes independientes señalan que, aunque realmente Teherán quiera obtener armas nucleares, tardaría entre cinco y diez años en lograrlo. Hay tiempo para soluciones diplomáticas y pacíficas.
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