Greenpeace se opone a las armas nucleares y a la energía nuclear en Irán y en todo el mundo, y cree que cualquier respuesta a la situación iraní debe ser diplomática, pacífica y multilateral.
Para Greenpeace, es urgente abordar un proceso de paz global para Oriente Medio. De esta forma las preocupaciones iraníes en materia de seguridad quedarían incluidas en unas negociaciones de carácter regional, encaminadas a lograr la paz y estabilidad de largo plazo. Además de las cuestiones de Líbano y Siria, hay que retomar las iniciativas de la Asamblea General de la ONU, el Consejo de Seguridad y otros organismos, para hacer de esta región una zona libre de armas de destrucción masiva. También debería estar libre de energía nuclear, por los riesgos que supone. Si el caso iraní pone algo de manifiesto es la necesidad de impulsar el desarme nuclear a escala global, adoptar un enfoque más coherente en materia de proliferación y reforzar el TNP.
El Consejo de Seguridad debería apoyar el trabajo del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para verificar que Irán cumple con los compromisos adquiridos en el marco del TNP y el Acuerdo de Salvaguarda.
Es preciso seguir explorando las soluciones diplomáticas y pacíficas. Una solución podría ser incluir en las negociaciones con Irán a más interlocutores. EE UU debería negociar con Irán.
Hay que abordar de forma global las causas de la inseguridad en esta región. Esto implica volver a poner en marcha un proceso de paz en Oriente Medio, e iniciar negociaciones decididas para hacer de ésta una región libre de armas y energía nuclear, como reclaman varias resoluciones del Consejo de Seguridad, la Asamblea General de la ONU y otros organismos. Declarar una moratoria regional en la producción de materiales fisibles sería un primer paso para la construcción de confianza.
Avanzar hacia un compromiso global con las energías sostenibles y hacia una moratoria global de la energía nuclear. Irán debería abandonar sus ambiciones nucleares, pero todos los gobiernos deben comprometer recursos para el desarrollo de la energía procedente de fuentes renovables.
Los estados nucleares deben dar pasos decididos hacia el desarme nuclear y desmantelar de forma total, irreversible y verificable sus arsenales y capacidades de producción. Sólo así tendrían cierta credibilidad cuando abordan la cuestión de la no proliferación.